Otro Carnaval que llega en momentos tensos para el país. No es una invasión de fuerzas extranjeras, como fue en 1879: es un grave desencuentro entre bolivianos lo que se da en este Carnaval.
El presidente Evo Morales ha logrado, en un mes de gestión, transformar la unanimidad que existía en todo el país por la legitimidad de su gobierno, en una división profunda sobre lo que le espera a Bolivia.
El método de lanzar a sus voceros para que hablen de la intención de cambiarle el nombre al país y de modificar la bandera no parece el más apropiado para conseguir que los bolivianos apoyen su proyecto de Asamblea Constituyente.
El riesgo que corre es que todas las reformas que propone para la Constituyente terminen aplicándose solamente en el territorio que acepte llamarse República del Tawantinsuyo. El resto del país, por supuesto, seguirá llamándose Bolivia. Se habrá producido el separatismo aymara. Y así habrá surgido en Sudamérica otro país que necesite comprar gas natural de Bolivia.
¿Ese era el plan de Evo Morales? ¿No tenía planes para todo el país, completo, con todas sus regiones?
Desde que asumió el cargo ha estado mostrando que él prefiere ser Presidente de solamente una parte de Bolivia. No concurrió al festejo de los cien años de fundación de Cobija, ciudad creada tras otra guerra de invasión como última bandera (la tricolor) en territorio amazónico. Prefirió asistir a una segunda fiesta en el Chapare.
Ni siquiera representa a todo el Chapare. La justicia argentina estaba tratando en establecer si los responsables de una carga de cocaína encontrada en un camión de bananas bolivianas eran los exportadores bolivianos o los gendarmes argentinos que revisaron el camión en la frontera, todos presos en Buenos Aires. Fue cuando el Presidente de Bolivia dijo que los culpables eran los bolivianos. Equivale a una confesión o a una delación.
¿Es así como va a actuar con los bolivianos que no están de acuerdo con él, su gobierno y sus sindicatos de cocaleros? Los que no son cocaleros, ¿son enemigos?
La lista de los enemigos es más grande. El Vicepresidente dice que quienes se oponen al proyecto de ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente son oligarcas enemigos del país. El totalitarismo razona de esa manera en cada caso.
El proyecto de ley del Movimiento al Socialismo dice que la Asamblea Constituyente podrá, si actúa libremente, dejar de “proteger el bien común”. ¿Esa es la manera de persuadir a los bolivianos sobre la conveniencia de los cambios?
Cuando llegue el Domingo de Tentación, el plazo fatal para convocar a la Constituyente del 6 de agosto estará encima. La urgencia se debe a que el Gobierno teme que después del 2 de julio, cuando quiere que se haga la elección de constituyentes, la popularidad del Presidente no esté tan alta como ahora. Los parlamentarios de la oposición están haciendo vigilia en estos días para que no se presenten sorpresas, de convocatorias urgentes a sesiones donde se aprueben cosas de sorpresa.
¿Así se va a construir la nueva Bolivia? ¿La democracia consiste en convencer o solamente en contar votos? Después de este Carnaval, Bolivia será diferente, pero no mejor. Sobre todo si avanzan los planes que la debilitan.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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