El proyecto arqueológico Jach\'a Machaca trabaja desde el año 2001 en la comprensión de un sitio que permitirá dar nuevas luces sobre el desarrollo de las diferentes culturas prehispánicas en la región.
Miguel Vargas S. • Fotos: Pedro Laguna, Víctor Plaza
Antes de enviar a sus hijos a la guerra del Chaco, los pobladores de Jesús de Machaca fueron a Qhonqho Wancani. Allí celebraron un ritual en el monumento conocido como Tata q\'ala, en que presentaron una ofrenda a sus dioses para protegerse del enemigo. Los que regresaron, agradecieron con otra ofrenda. Se trata de un sitio ritual en que se unen las historias recopiladas por Xavier Albó, Esteban Ticona y Roberto Choque sobre las revueltas de Jesús de Machaca, conocida como la ´Marka rebelde´.
Hoy, sus pobladores están concentrados en otra labor: revalorizar su cultura, desentrañando con sus propias manos la historia de sus ancestros. En ello trabaja desde el 2001 el proyecto Jach\'a Machaca, que surgió tras un convenio entre la Universidad de Vanderville (Estados Unidos) y la Dirección Nacional de Arqueología de Bolivia para emprender una labor titánica: desentrañar los orígenes de las culturas prehispánicas en este territorio.
Tanto los pobladores de la zona como los expertos —nacionales y extranjeros— son conscientes de la importancia que tiene este sitio para alcanzar dicha información. ´En lo científico, el proyecto nos plantea una cronología que está entre el año 100 antes de Cristo y el 500 después de Cristo. Esto nos ayuda a entender el proceso que se gesta con la cultura tiwanakota. Qhonqho Wancani es el foco de todos los sitios arqueológicos en la región. Hay una manifestación cultural muy rica, con diversos estilos arquitectónicos que incuban a otros que van a evolucionar posteriormente con toda la riqueza´, explica Víctor Plaza, codirector del proyecto.
El trabajo también tiene importancia social, pues plantea el manejo de significados en el ámbito de la comunidad. Estos significados son el fundamento de la percepción que tiene una población sobre lo que está viviendo.
Por eso, el proyecto arqueológico Jach\'a Machaca busca lograr la aceptación de la comunidad y la incorporación de los datos obtenidos en su memoria cultural.
Los primeros rastros Qhonqho Wancani es un sitio ritual. Cercano a la ciudad de La Paz, es accesible por los caminos a Guaqui y Viacha. Eso es ahora, pues antes, la zona era prácticamente infranqueable. Si bien se detectó el sitio en 1936, recién fue en 2001 que se emprendió un trabajo sostenido y multidisciplinario desde su primera fase. Ya se cumplieron cuatro temporadas de trabajo desde entonces.
Ubicado sobre 16 hectáreas de extensión, el complejo arqueológico tiene un área de expansión de 24 hectáreas en que se pueden identificar sectores monumentales y residenciales.
Al principio, Qhonqho Wancani llamó la atención de los historiadores cuando, en 1936, Valentín López reveló la existencia de estos lugares a nivel académico, pues la gente de la zona ya los conocía. El arqueólogo Maks Portugal Zamora viajó a este sitio para realizar una visita e hizo pequeñas excavaciones, pero nadie indagó más, según datos proporcionados por Carlos Lémuz Aguirre, responsable de la prospección regional.
Como los ayllus de la zona eran muy celosos —una revuelta con 200 muertos por el Ejército de Guaqui en 1920 los hacía susceptibles— la zona estaba por el momento resguardada de intrusos.
El lugar estuvo cerrado hasta 1936, cuando las solicitudes de la escuela indigenal de Sulka Titi permitieron el trabajo de un arqueólogo que documentó el área monumental, lo que significaría la primera planimetría del lugar.
Años después, cuando John Janusek analizaba la cuenca Katari, encontró iconografía lítica con serpientes con cabezas y otras representaciones de la tradición yayamama, estilo escultórico anterior a Tiwanaku.
Qhonqho Wancani es un montículo de más de seis metros de altura, donde las estelas líticas llevan también el labrado yayamama. Otros restos más tardíos se detectaron en Tata q\'ala, donde se encontró material cerámico. La situación se complicaba. ¿Quiénes habitaron esta región?
El proyecto Jach\'a Machaca Estas dudas impulsaron en 2001 el trabajo del proyecto Jach\'a Machaca, que inició su labor con dos objetivos. El primero, conocer la emergencia de las sociedades complejas preestatales durante el formativo tardío. Los primeros datos revelaban que allí hubo asentamientos de diferentes culturas. El segundo interés era entender el proceso de ocupación tiwanakota sobre la estructura monumental antecedente.
Para esto se trabajó en torno a cuatro puntos de estudio: el tipo de intensificación de la producción, es decir, el modo de subsistencia; los lazos de tráfico e intercambio; los vínculos ideológicos interrelacionados con el pasado formativo, como la tradición religiosa yayamama; y la correlación de las diferencias estilística-domésticas con la formación de identidades, que se develaría con el estudio comparativo entre Qhonqho Wancani e Hiru Hito, dos sitios contemporáneos con procesos simultáneos.
Primeros resultados Entre los logros del proyecto destaca la prospección regional de casi 40 kilómetros, con excavaciones extensivas que develaron basurales y áreas domésticas con características identificables con las culturas Tiwanaku y Pacajes (de una etapa posterior).
El proyecto indagó también un complejo de estructuras a través de un intenso trabajo de prospección geofísica, barridos, magnetómetros y trabajos de conductividad eléctrica. Para la excavación, se hicieron sondeos de prueba con perforadores para detectar los sitios específicos.
Son más de 19 estructuras circulares (de tres a seis metros de diámetro) y cuadrangulares que tienen cimientos de piedra. Desde 2004, se definieron las estructuras mayores (patios), que encierran escalinatas flanqueadas por pilares. También se halló un canal con más de 60 metros de longitud, como parte de una amplia red de canales. El sistema de desagüe servía a los templetes semisubterráneos que tienen uno de los pisos mejor conservados que se conocen actualmente. A estos hallazgos se sumaron las plataformas, escalinatas, terrazas, muros de contención y monolitos. ´Es un acontecimiento para la arqueología´, comenta Carlos Lémuz.
El equipo multidisciplinario que continuará este año con las indagaciones incluye un mapeo detallado para establecer las áreas; la interpretación de los cambios físicos; el análisis lítico de las fuentes de herramientas —como el basalto, andesita o arenisca—; el estudio de metales —como los tipos de oro, plata, cobre y bronce (arsenical y estañífero)—; el análisis de la cerámica; la fauna y la dieta; el manejo de recursos y edades; el pastoreo; las iconografías y entronque ideológico; la agricultura y otros temas. Son 22 investigadores especializados bajo las órdenes de John Janusek.
Trabajo comunitario Si hay algún protagonista en este tipo de trabajos es siempre la comunidad. En Jesús de Machaca, el pueblo actuó en el proceso de excavación, pues los datos que se obtienen deben formar parte de su memoria ancestral.´Ellos no sólo son los herederos, sino que también son las personas que van a promover a futuro el desarrollo de sus recursos en función a todos los datos que les entrega la arqueología´, expresa Lémuz.
La comunidad se organiza en grupos que van alternándose en equipos de trabajo que rotan. Toda la gente de Qhonqho Liki-liki ha trabajado en todas las fases, pues las autoridades tienen un sistema de organización que no molesta a los familiares. Toda la información se les transfiere y a la vez, ellos comparten sus impresiones con los arqueólogos, dándole más sentido a los resultados de las investigaciones.
Además, la organización del proyecto gestó cambios políticos a nivel regional: primero se creó la Alcaldía de Jesús de Machaca y se generaron distritos municipales, que a futuro serán turísticos y de gran valor arqueológico. La perspectiva de futuro corporativo se respira en la zona: se gestiona su Territorio Comunitario de Origen y se tienen proyectos turísticos.
Este año continuarán las labores durante la época seca. En laboratorio se investigará parte de lo que se ha podido obtener en cuatro temporadas. Luego se van a iniciar investigaciones extensivas en el área de Hiru Hito, una comunidad Uru en uno de los márgenes del río Desaguadero. Allí se emplazará el foco de las nuevas investigaciones, pues se va a trabajar con excavaciones intensivas, análisis regionales y trabajos etnográficos que incluyen la recopilación de tradición oral.
Es así que para el próximo 2007 se habrá completado un espectro comparativo de ambos sectores para tener una idea macro-regional, gracias el estudio de otros sitios menores identificados en la prospección. Esto dará a los investigadores un panorama que permita develar lo que ha sido la formación del Estado de Tiwanaku, su colapso y en lo que ha derivado posteriormente. En resumen, se armará un esqueleto preliminar para interpretar el pasado prehispánico de la región.