Transcurrido el primer mes de la nueva administración del Estado, surgen los primeros elementos que nos permiten una primera y somera evaluación de la marcha del Estado. Este camino está teñido de luces y sombras que pueden ser consideradas como señales para ver la dirección futura en la que Bolivia pueda estar encaminada.
Entre las luces podemos destacar un clima de mayor distensión social en lo que hace a las principales estructuras del Estado. Evidentemente, el actual Gobierno todavía goza de la tregua social que se suele otorgar a los nuevos mandatarios para ver las posibilidades reales que pueden tener en el futuro cumplimiento de sus promesas. En este sentido puede ser importante recuperar la articulación entre los distintos movimientos sociales y el Estado, para acercar el poder político al ciudadano y permitirle ver la acción política de diferente forma.
Otra luz en el camino puede ser la todavía precaria implementación de una política de austeridad en los cargos jerárquicos del Estado, preñados en su mayor parte de prácticas de aprovechamiento y corrupción. La política que intenta implantar el Gobierno con la rebaja de salarios a los altos funcionarios del Estado es una buena señal en una sociedad en la que la mayoría subsiste con salarios de miseria.
Una de las sombras que todavía preocupan al ciudadano es la carencia, en muchos casos, de políticas que formen parte de un plan de gobierno elaborado para un mediano plazo en función de los intereses nacionales. Todavía no está lejos el fantasma de la improvisación en muchas decisiones de Estado, que pueden hacer perder cierta autoridad al Gobierno y crear un nuevo clima de incertidumbre en la ciudadanía.
A todo ello se suma el debate surgido en la elaboración de la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente y al Referéndum autonómico que produce un importante desgaste en la ejecución de planes de gobierno de la actual administración. Si bien no se debe ignorar la importancia vital de ambos acontecimientos, no se puede generar una sensación de vacío de poder hasta que dichos acontecimientos se realicen. El Gobierno actual ha sido elegido por la mayoría de ciudadanos bolivianos para una administración responsable por el periodo constitucional que le corresponde, y como tal debe aplicar la políticas que formaban parte de su oferta electoral teniendo en cuenta la urgencia de muchos problemas y de la dinámica internacional en la que se mueve Bolivia.
Un mes de administración todavía es un tiempo corto para una evaluación de gestión, pero permite ver que dentro de un marco social de mayor tranquilidad, todavía quedan los principales desafíos a enfrentar.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
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