La crítica es un componente esencial de la cultura, tiene tanto valor como la misma producción literaria o artística, desde el momento en que valoriza aquello que merece ser destacado y expresa discordancias cuando cree que corresponde.
Sin la crítica mucho de lo que se produce en los distintos géneros del arte, la literatura, la filosofía, el cine e incluso en la arquitectura, pasarían desapercibidos. En realidad, muy bien puede decirse que la crítica es, en última instancia, un aporte a la creación, porque facilita su entendimiento.
Lamentablemente, ella luce por su ausencia en los medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales, salvo alguna excepción honrosa. Los medios no han asumido aún el compromiso y la responsabilidad de contar con críticos especializados para las distintas manifestaciones de la cultura.
Por supuesto, no toda es culpa suya. Ocurre que en el país difícilmente se sostienen los medios, tanto por el reducido volumen de publicidad como porque no se tiene el hábito de comprar regularmente los que son impresos.
A estas circunstancias pueden atribuirse, tal vez, la dificultad o resistencia que tienen algunos autores cuando, esporádicamente, aparece algún comentario crítico sobre su producción. Cuando el comentario es lisonjero, la receptividad es gratificante, pero, cuando es adverso, la reacción, por lo menos en ciertos casos, suele ser de iracundia.
Algo de esto último acaba de ocurrir con motivo del Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal, concedido a Camila Urioste, por su libro “Diario de Alicia”. El poeta y escritor Juan Carlos Ramiro Quiroga se “atrevió” a expresar su disconformidad con la concesión del premio, por considerar que en el Jurado Calificador hubo “falta de rigor y exigencia”.
La respuesta de la premiada se limitó a descalificar a su crítico, pero no aportó los argumentos necesarios que justifiquen el premio y, por consiguiente, la buena calidad de su obra. Esta ha sido una penosa forma de reaccionar. La intolerancia linda con la arrogancia y la soberbia, y ambos extremos no pueden ser el atributo de una joven poetisa.
En estas condiciones, ciertamente es mejor que no haya crítica en Bolivia. Así, se gozará mejor de la paz de los cementerios, antes de admitir que la diversidad de criterios tiene que existir en torno a una obra literaria o artística.
La crítica a una obra puede servir, más bien, de acicate para que el autor sea más cuidadoso en su producción futura, es la mejor forma de asimilar experiencia y sabiduría. Más todavía en el caso de la poeta premiada, que es muy joven y tiene mucho por crecer y consolidar la calidad de su producción.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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