Preguntaba uno sin tarjeta ni credencial, que me presentaron como corresponsal de algún periódico de Estados Unidos, ¿qué hay de cierto de la expulsión de dos misioneros mormones por los cocaleros del Chapare? No lo sé, respondí. Pero acoté que sería pobrísima política cargarse la inquina de la congregación más rica del mundo (per cápita), y de la poderosa embajada que los representa, acusando a sus fastidiosos runtus, —así los llamaba el comediante Peter Travesí— de espías del imperialismo. Mostraría hasta qué punto el Chapare se ha convertido en una satrapía arbitraria, “un territorio libre de América”, como se autocalificaba una isla caribeña, en este caso fuera del control de Bolivia. O sería un incidente falso como moneda de tres pesos, parte de la guerra sorda de rumores que hoy ventea en el país.
Ciertamente la coca sigue teniendo un rol estelar en la tragicomedia boliviana. Si en tiempo del imperio romano las falanges de sus ejércitos gritaban en el campo de batalla ¡Roma víctor!, la goleada en las elecciones de diciembre de 2005 del ahora Presidente Morales, asegura a las huestes cocaleras del Chapare poder vociferar al unísono ¡Coca víctor! Es una victoria pírrica, como se dice de una obtenida con más daño del vencedor que del vencido, desde que el rey Pirro ganara a los romanos un par de batallas a costa de gran parte de su ejército.
Porque no es poca cosa lo que se tira por la borda. Hace un par de años, la entonces diputada Elsa Guevara tuvo el coraje de salir al frente de jeremiadas cocaleras, indicando que el Chapare es una región privilegiada, que hace 30 años devora la parte del león de los recursos del desarrollo rural en Bolivia. Nada más cierto y lo he dicho antes. Con la carnada de la cocaína y el anzuelo de la sustitución de los cultivos de coca, desde 1977 en lo que ahora se llama desarrollo alternativo, ¿cuántos millones de dólares ha pescado el feudo cocalero? Y no me vengan con que la ayuda estadounidense, la cooperación europea y las donaciones de otros países llegan porque les preocupa el desarrollo del trópico húmedo o les importa el turismo en Villa Tunari.
Las millonadas invertidas, así buena parte fuera en sueldos de consultores en los proyectos, han hecho del Chapare un lunar de privilegio. Según datos del PDAR, solo en el año 2002 se hizo mantenimiento en 576 Km. de vías rurales, se parchó el pavimento de 42 Km. de carreteras, se empedraron 73 Km. de caminos vecinales y se construyeron 6 puentes de hormigón y uno metálico. En menos de 50.000 km2, envidia causan sus 41 sistemas de agua potable, 4 hospitales de segundo nivel, 14 centros de salud y 54 postas sanitarias. ¿Qué región de Bolivia puede alardear de infraestructura de producción equivalente a los 33 centros de empaque, (20 de banano, 4 de piña, y otros 9 que empacan maracuyá, jengibre, yuca y pimienta negra), tres de ellos con cámaras de almacenaje en frío?
Fotos de satélite establecen más de 120.000 Has de cultivos lícitos en el Chapare. Casi 20.000 familias recibieron asistencia del desarrollo alternativo. Existen más de 160 Asociaciones de Productores que pagan todo o parte de sus requerimientos de asistencia técnica. Hay medio centenar de organizaciones campesinas generadoras de sus propios ingresos y que proveen servicios a sus miembros y a otros clientes. El volumen de los productos lícitos que salen del Chapare alcanza casi 60.000 TM, por un valor de casi $9 millones. Compran productos chapareños 73 empresas radicadas en la región, 18 afuera de ella. El desarrollo alternativo ha promovido 49 inversionistas privados en plantaciones comerciales, viveros y plantas procesadoras, 25 han invertido en servicios (crédito, transporte, insumos agrícolas y radioemisoras): $56.4 millones invertidos por 85 empresas.
Todo ello empezó a hacer aguas cuando Carlos Mesa abrió la tranquera del cato de coca por familia. En toque de prestidigitación magistral, el Presidente Morales acaba de convertirla en cato de coca por afiliado, sin un quejido de la embajada estadounidense, que otrora hubiera cortado la ayuda a Bolivia sin pestañear, preocupados que están de enturbiar las aguas y favorecer que la bochinchera La Paz se incorpore al formidable ‘eje del bien’ de La Habana y Caracas.
Ilustremos lo que semejante resbalón significa. Hoy se cuentan 40.000 familias en una región en expansión, que abarca territorios de tres provincias cochabambinas y dos Parques nacionales. A tres por familia, pronto se convertirán en 120.000 afiliados. Un cato chapareño son 1.600 m2, que multiplicados por 120.000 significan 19.200 hectáreas de coca. A 20 kilos de cocaína por hectárea, tanta coca rinde 384.000 kilos de cocaína. Y en este país de muertos de hambre y desempleados, ya hay muchos que se arriesgan a procesarla a $2.000 el kilo: el año pasado se quintuplicaron los kilos de cocaína incautada, la punta de un iceberg que puede hundir a Bolivia. Uno de ellos.
El último gafe de un Presidente Morales que se rebaja manteniéndose como dirigente cocalero, ha sido arremeter contra el banano, alternativa productiva que rivaliza a la coca en rendimiento y periodicidad de ingresos para el campesino. Asociar la exportación de banano con alijos de cocaína fue un golpe bajo, más torvo aún si fue para cobrarse agravios de uno que le sopapeó cuando era congresista y bloqueador. Para rematar vino la risotada que provocó el ignorante Canciller Choquehuanca, sugiriendo que la coca pueda reemplazar a la leche en el desayuno escolar.
Quizá por eso el periodista de marras que preguntaba sobre los mormones expulsados del paraíso cocalero, pontificaba que Bolivia está más cerca de la solución por el desastre —y de la intervención extranjera— de lo que suponen los que vivimos como los inocentes de la erupción del volcán en los últimos días de Pompeya.
Bolivia, esa irrefrenable pasión
La verdad es que don Román Loayza y Agustín Echalar se parecen bastante. A los dos les gusta escandalizar. Mira que proponer cambiar el nombre de este país. Mira que sostener que Simón Bolívar era un “general que una vez jugó a Napoleón” y además tacharlo de invasor.
“Nativos digitales”
Observando a mi hijo, Miguel, relacionarse con el mundo, no tengo dudas de que es así como lo hace un chaval cualquiera de su edad (7) que haya crecido en condiciones culturales similares
Constituyente auténtica
Tratándose de una reforma total a la Constitución, para un trabajo ordenado, eficiente y productivo de la Asamblea Constituyente, es imprescindible la previa concertación de un Pacto Preconstituyente, impulsado por el gobierno y celebrado con todas las fuerzas vivas del país
¿Asamblea Constituyente o fundacional?
La Asamblea Constituyente (AC) tiene el único objetivo de modificar la Constitución Política del Estado (CPE). En el orden institucional en el que vivimos no es de competencia de la AC: a) Aceptar o rechazar la renuncia del Presidente de Bolivia, b) Dar órdenes a las FFAA, c) Legislar.