No hay derecho para que unos cuantos lunáticos que se han encaramado sobre los movimientos sociales —cabalgando en los votos del presidente Evo Morales— estén anunciando, con locuacidad de orates, sobre los nuevos tiempos que vivirá la República que, aparentemente, surgirá a partir de la anunciada Asamblea Constituyente. No se sabe ni cómo funcionará la tal Asamblea y ya están algunos declarando como flamantes padres de una Patria que van a fundar.
Es de chalados estar haciendo anuncios sobre que se “parirá” una nueva República y que la Constituyente será fundacional. La victoria electoral de Evo Morales ha sido grande pero no da para tanto. Que haya ganado con mucha ventaja unos comicios no significa que se le dé —ni al Presidente ni a sus mentores intelectuales— libertades para querer imponer una Asamblea a su amaño, a su medida, que va a llevar al bombo al país. Se va a ir al bombo Bolivia porque si ayer hubo buenos y malos gobernantes, por lo menos no tuvieron el atrevimiento ni la insensatez para darse el lujo de clausurar la Patria y crear otra. ¿Dónde estamos llegando?
La locura está haciendo estragos entre todos los bolivianos, porque, hay que reconocer, son muchos, muchísimos, los entusiastas en destruir lo poco que queda del país, afirmando que todo lo anterior estuvo mal, y hacer otra nación en base a la ignorancia y el atrevimiento. Porque ignorantes y atrevidos pululan hoy por los pasillos del Palacio y del Congreso y en los gabinetes de trabajo. En su incultura, los que pretenden crear una Patria mejor, hacen anuncios que estremecen de pavor, y declaraciones tan descabelladas y pintorescas que ya se están convirtiendo en la comidilla de los periodistas. Y cuando los medios le pillan la punta del ovillo a un Gobierno se desata el drama o la chacota. Peor lo último que lo primero.
Lo que se pretende hacer es la “Asamblea Catastrófica”, tomando un término del Vicepresidente. Quien no participa de la idea es poco menos que un extraterrestre que no entendió nada, que no nació en este planeta. Como nadie quiere irse en contra de lo que todos aceptan como la panacea salvadora, para no quedar de imbéciles, todos, de buena o mala gana la admiten, salvando sus conciencias con algunos “peros”. En vez de decir la verdad: que esta “Asamblea Catastrófica” va a ser una soberana irresponsabilidad. Será lo único que tenga de soberana.
Una Asamblea Constituyente —hemos dicho hasta el cansancio— tiene que estar conformada por verdaderos constitucionalistas y gente entendida en la administración del Estado. Hacer lo contrario, reclutar constitucionales en el campo y los cerros como si fuera ganado, es caer en una trampa mortal para la República. Podrán nombrar Inca a Evo Morales, cambiar el nombre de Bolivia, arriar la tricolor e izar la wiphala, quitarle las banderas al escudo, cambiar la fecha del día patrio, la letra del himno nacional, pero sólo acelerarán su final.
Si se quiere ir hacia modificaciones de fondo en el país, si se quiere hacer cambios en los campos económicos, políticos y sociales, si vamos a aprobar el régimen de autonomías, pues nada mejor que reformar la Carta Magna vigente. La Constitución actual no es mala. Lo que sucede es que nadie la respeta. Hay que sostenerla y de esa forma los bolivianos no vamos a estar embarcados en mentiras y engaños, en matufias ni alucinaciones, donde las minorías serán las víctimas.
Este Gobierno está fascinado con crear una nueva República porque cree que así va a sobrevivir 500 años. Además, mientras perdure el show, se desentenderá de gobernar. Cuando lo primero es que no nos birlen los mercados de la soya, que no nos amenacen los venezolanos con el Gasoducto del Sur, que vuelen los aviones, que se negocie el TLC con EEUU, que la gente trabaje, para que no se denuncien conspiraciones imaginarias.
Digámonos la verdad para bien de todos: no a la Constituyente conflictiva y desintegradora; sí a las reformas a la Constitución.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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