Mientras en las ciudades, ya recuperados de la resaca de cuatro días de fiesta se despide el Carnaval, en el área rural la fiesta se prolongó toda la semana, porque la celebración está relacionada al trabajo de la cosecha. Y una vez que se festejó en la intimidad de la familia, en las provincias se prepara la Jach’a Anata, cuando las comunidades se reúnen en una fiesta con música de tarkas.
El estudioso del mundo andino, Fernando Huanacuni, explicó la interrelación que hay entre el campo y la ciudad.
“En el área rural, el Carnaval comenzó el miércoles de ceniza y quienes viven en las ciudades viajaron a sus pueblos el fin de semana para celebrar. Lo siguen haciendo en sus barrios, mientras que en el campo está en pleno desarrollo, están en el mes de la achuca (achoca) que es la época de la selección de las mejores semillas, las que surgen de la primera cosecha”, manifestó.
Huanacuni asegura que el Carnaval andino tiene relación con la agricultura, así como el urbano está vinculado a la religión católica. “Esta relación es muy estrecha y por eso muchos historiadores identifican a la cultura andina como agrocentrista. Las fiestas que se celebran en esta época permiten una mejor comprensión de la ciclicidad de la Pachamama y de la vida”, dijo.
En esta época, no sólo está el resultado de la siembra, sino que se evalúan metas y propósitos planteados hace un año. Huanacuni explica que por eso en el área rural se techan las casas o se inician las construcciones.
Para los aymaras esta es la época del cambio y la alegría está en función a los logros.