Más de 1.600 soldados mantenían este jueves por séptimo día el sitio a una decena de favelas de Río de Janeiro y vigilaban los accesos a la ciudad para encontrar varias armas robadas de sus arsenales por un grupo de narcotraficantes.
Barricadas protegidas por ametralladoras fueron montadas en las principales vías de salida de la ciudad, donde también se reforzó el número de efectivos.
Una lancha de la Armada patrullaba, además, la bahía de Guanabara y se revisaba a miles de vehículos que pasan a diario por el puente de 15 km que une Río con el vecino municipio de Niteroi.
El despliegue militar, el mayor en 12 años, se inició el pasado viernes después de que 7 hombres encapuchados robaron 10 fusiles FAL y una pistola 9 mm de un cuartel de Río de Janeiro.
El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, defendió la salida a la calle de los uniformados. "Lo importante para el Ejército es recuperar lo que es suyo", dijo a varios periodistas brasileños en Londres. Río de Janeiro, AFP