Nada menos que Voltaire, citando un proverbio italiano, dice en Contes (1772) que “lo mejor es enemigo de lo bueno”, lo que significa que el Poder Ejecutivo de Bolivia al proponer que “los mejores bolivianos” se postulen para ser delegados ante la Asamblea Constituyente, incurre, por ímpetu retórico, por descuido (o por saber barrocamente lo que viene), en el increíble desliz de proponer que los buenos bolivianos ¡se queden en casa! Pero más allá de Voltaire y su postulado, ¿cómo realmente se busca y se encuentra a “los mejores” para cualquier cosa en esta Bolivia multiétnica, pluricultural, trajinada, paciente, sufriente y anarquista?
Tratándose de una cuestión importante como dizque la “refundación” de Bolivia en función al trabajo de una constituyente, y pasando por alto la simpleza de eso de “los mejores”, ¿cómo hacemos para que los buenos ciudadanos sean los que nos representen? ¿Qué criterio utilizar, qué prueba exigir, y qué examen tomar para comprobar que “los buenos” sean realmente buenos y estén dispuestos a representarnos? Menuda cuestión por donde se la mire. Pero bueno, si se trata de encontrar criterios empecemos por algo. Empecemos por eso de la “Bolivia multiétnica”. ¿Cómo encontramos, por ejemplo, a los buenos de la etnia aymara para que nos representen? ¿O para que representen a los aymaras?
¡Qué representen a los aymaras! No puede ser. Se ha pugnado harto para que la representación sea por circunscripciones más cinco por departamento geográfico… lo que satisfizo a la mayoría, sobre todo a los segmentos con voz pública, y se ha considerado ¡un triunfo de la democracia! Y tampoco puede ser porque en las circunscripciones donde viven mayormente aymaras también hay quechuas, mestizos y otros. O sea que por el lado de la “Bolivia multiétnica” no llegamos a nada, a nada que nos dé como resultado los nombres de “los buenos” de la etnia aymara.
Por supuesto que el pensador aymara Uyustos (que tiene un monumento en La Paz) podría tener una opinión al respecto. Pero si uno busca en las bibliotecas conocidas de Bolivia un ejemplar impreso con los pensamientos de Uyustos por desgracia no encuentra nada. A propósito y entre paréntesis, si alguien de cualquier etnia de la multietnicidad boliviana tiene una copia escrita en castellano o en aymara de los pensamientos de Uyustos, sería provechoso darla a conocer porque ahora más que nunca necesitamos saber lo que Uyustos pensó en función a lo que está aconteciendo en Bolivia. Si hay escritos de otros pensadores aymaras de la época de Uyustos sería una primicia lexicográfica poder leerlos, en Bolivia y en el extranjero; sobre todo si se los incorpora a la red internet ahora en marzo que es el mes en que el Primer Mandatario de Bolivia, entre otras cosas, visita Chile, pugna con algunos estadounidenses, y quiere convertir a los terratenientes.
Qué si optamos por el lado “pluricultural” tras identificar, localizar, y ver si son realmente buenos, “los buenos”. ¿Habría que tomar un examen a cientos, quizá miles de candidatos de varias culturas, acaso en varios idiomas; un examen de conocimiento de la Constitución Política del Estado, de lo que se busca sacar de ella, cambiar en ella, y de lo que se querría incorporar a ella en la Constituyente? ¿Y quién prepararía y corregiría tal examen? ¡Claro que abogados! y algunos otros… pero abogados y algunos otros ¿de qué cultura boliviana?… Un compromiso sería que el mestizaje se encargase de nombrar a los abogados puesto que tienen de la cultura “originaria” y de la cultura no originaria. Las proporciones varían pero la verdad es que de ambas, y de otras, tiene.
Si tal es aceptado por las numerosas etnias originarias, ¿qué antecedentes y conocimiento debe- ríamos exigir a los mestizos para posiblemente calificarlos de aptos para preparar el examen?... Después de todo fue el notable Ciro Bayo, intelectual, maestro y viajero, que en su libro Chuquisaca o la plata perulera (1912) dijo que los mestizos bolivianos eran gente muy viva, “apta para todos los oficios y carreras. Hablan el quechua o el aimará… y también el español, por lo que acostumbran mezclar en sus canciones palabra de uno y otro idioma”. Uhmmm… La cuestión se complica. Yo creo que por el lado de lo “pluricultural” tampoco se puede llegar a identificar a los buenos del país. Entonces, ¿qué?
Por desgracia, en estas circunstancias, no queda nada por hacer. Nada más que esperar que la historia se repita, y que la Bolivia trajinada, paciente, sufriente y anarquista siga contemplando a los politicastros, muchos tránsfugas, hacerse nuevamente cargo de los apelativos de “buenos” y “mejores”… que para el caso no importa Voltaire ni Perico de los Palotes.
Aquí la historia se repite porque los fundamentos de la idiosincrasia boliviana continúan siendo mezquinos y personalistas. El individuo busca salvarse a costa de los demás sin importarle el país ni nada por el estilo. He ahí lo barroco de la cuestión.
*Jorge Ordenes es economista y educador.
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