Bolivia es el país de los interinatos y no sabemos si la propia República es interina, en vista de que se está fundando otra a partir de julio próximo. Los interinatos, no obstante, han sido funestos para la nación. Don Walter Guevara y la señora Lydia Gueiler fueron presidentes constitucionales interinos y acabaron derrocados por sendos golpes militares. Y periódicamente asumen la presidencia interina de la Nación los vicepresidentes (García Linera está hoy en el cargo) en algo que es ridículo y que no se ha podido corregir hasta hoy.
El nuestro debe ser el único país del mundo donde en un momento hay dos mandatarios: el que viaja y el que se queda. ¿El que viaja deja de tener su carácter de Presidente porque lo ha cedido al que se ha quedado? ¿En qué calidad viaja el Presidente de la República si ha dejado su investidura en Bolivia? ¿Si entrega hasta el bastón de mando? Es un disparate total, porque en otros países, el vicepresidente o alguno de los ministros, queda como “encargado del despacho presidencial” y punto. Ni dicta decretos, ni firma títulos agrarios, ni convoca al Gabinete, ni va al Palacio siquiera.
En nuestra querida patria nos hemos pasado, años de años, con interinatos por aquí y por allá, generalmente por el prorrateo entre las coaliciones políticas o porque el Congreso no se ponía de acuerdo para las designaciones que requerían muchas de las veces de dos tercios, lo que significaba agotadoras negociaciones que derivaron en concesión de prebendas y por tanto en corrupción.
Este Gobierno renovador y democráticamente revolucionario como se llama a sí mismo, no se ha podido zafar del mal. Aquí casi todas las designaciones son interinas. Ya lo hemos visto en YPFB, el Servicio Nacional de Caminos, la Aduana, Impuestos Internos, vicemi- nistros y directores generales por doquier. Últimamente hasta en el INRA hay un interino, que tiene instrucciones de S.E. para poner en vereda a los oligarcas y gamonales cruceños todavía no identificados. La verdad es que S.E. ha decidido caerle con todo a lo que él cree que son tierras improductivas, con el inconveniente de que para calificarlas de tales hay que tener algún conocimiento de la agricultura en grande y de la ganadería, lo que S. E. ignora, porque él conoce de catos para la coca, que son minúsculos ante los cultivos de soya, y de cría de ovejas que no es lo mismo que criar vacas.
Pero en esto de los interinatos hay algo más que puede ser muy peligroso y es que el Congreso actual sea interino. No nos cabe en la cabeza que los parlamentarios se hayan quedado callados y algunos hasta hayan ido a aplaudir el jolgorio del Palacio la noche del lunes, cuando el Primer Mandatario ya había anunciado a los medios que este Parlamento sería interino. ¿Por qué se han callado los honorables? ¿Por qué se ha quedado muda la prensa escrita, radial y televisiva?
El presidente Evo Morales ha declarado al diario El Tribuno de Salta, Argentina, que: “Lo que queremos es una Asamblea Popular Constituyente donde las organizaciones políticas del país decidan. Sin partidos políticos (…) Mientras trabaje la Constituyente y hasta su término, el Congreso tendría que seguir funcionando; luego ya no tendría sentido…”. Estas declaraciones de S.E. se reprodujeron en el periódico La Prensa de La Paz, el lunes 6 de marzo, es decir, hace cinco días, cuando los parlamentarios cantaban emocionados el himno nacional en el Palacio. Ya hemos dicho que cuando los parlamentarios cantan el himno hay que temblar porque algo malo se ha hecho.
Los temores de que este Congreso sea “sietemesino” se confirman con las declaraciones del Presidente al diario argentino. Al parecer está en la cabeza de S.E. que el Congreso haga lo que él desea entre enero y julio. Pero cuando se instale la Constituyente y comiencen las deliberaciones, el Congreso pasará a segundo plano, hasta desaparecer, porque “ya no tendría sentido” su existencia una vez que la Constituyente concluya con su trabajo. ¿No se han dado cuenta de eso los parlamentarios?
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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