Marie France Perrin y los fotógrafos Jaime Cisneros y Antonio Suárez muestran en un libro el preciosista trabajo de los artesanos.
Redacción • Fotos: Tony Suárez / Jaime Cisneros
Las expresiones de cada cultura han quedado plasmadas a través de los años en su arte, pero no sólo en el ámbito académico, también en el popular. Sólo por el uso del color o los diseños se puede identificar si una pieza de cerámica pertenece a la cultura tiwanakota, inca o pacajes. El trabajo de los artesanos significa un legado más allá del tiempo.
La figura todavía no ha cambiado. Los artesanos de hoy son herederos de tradiciones milenarias, como se ve en el arte textil, así como cronistas de su propio tiempo, como en la muñequería que se despliega en la feria de Alasita.
La exquisitez de los trabajos realizados en las tierras bajas —donde se destacan el arte plumario, el trenzado de fibras vegetales, como la jipi japa, y la fabricación de instrumentos musicales en madera— no tiene nada que envidiar al profuso bordado de los trajes para las festividades, las balsas de totora o los trabajos en yeso de la parte más occidental de Bolivia.
Es así que la obra de la comunicadora Marie France Perrin de Peró agrupa sistemáticamente en su obra Arte Popular de Bolivia las diferentes expresiones anónimas de los artesanos bolivianos en diez tópicos: textiles, arte plumario, máscaras, fibra vegetal, bordados, platería y orfebrería, cerámica, tallado en piedra, madera e instrumentos musicales.
Las imágenes de los fotógrafos Jaime Cisneros y Antonio Suárez terminan de nutrir con sus propias perspectivas las páginas del libro que a continuación se invita a recorrer en un fotorreportaje.