Se ha despejado el camino hacia la Constituyente. En efecto, algo que parecía difícil ha dado paso a un escenario mucho más conciliador y a un notable consenso en la decisión de convocar a este proceso de tanta importancia en la vida política del país. Una señal positiva, sin ninguna duda, de un Congreso Nacional tan desprestigiado en estos últimos años y que parece que poco a poco va recuperando su legitimidad. Señal positiva también para los actores políticos acostumbrados a posiciones intransigentes e irreconciliables que parecían colocar al Gobierno contra la pared antes de buscar puntos comunes.
En fin, la posibilidad de elaborar e implementar políticas de Estado, en un país tan dependiente de la agenda urgente y la coyuntura del momento. La Asamblea mira al futuro de un país diferente y en el que se puedan introducir mecanismos de mayor inclusión y participación ciudadana.
Algunos aspectos, sin embargo, pueden ser dificultosos para lograr los objetivos deseados. Por ello se hace necesaria una ingeniería institucional que permita construir un Estado mucho más eficiente y menos aprovechador.
Una de estas sombras en este proceso es el costo que el mismo tiene para las arcas del Estado. Indudablemente, reunir durante un año a doscientos cincuenta y cinco asambleístas significa instalar un escenario mayor que el Congreso Nacional. Pagar a todos como a un diputado nacional y encarar los trabajos logísticos que esta magna Asamblea significa, será un costo muy grande en un país en el que se necesitan inversiones para paliar la dramática situación de la mayoría de su población.
Otro aspecto que se debe tener en cuenta es la celeridad con la que se debe llevar todo este proceso. Y no siempre el ciudadano accede a la mejor información para discernir su voto. Y mucha de la poca
claridad ciudadana radica actualmente en la carencia de propuestas sobre lo que puede ocurrir en la Asamblea Constituyente. Son muchos los elementos que se deben informar: sobre el proceso de votación, sobre los candidatos, sobre las propuestas, sobre la pregunta del Referéndum autonómico. Y en un país extenso y diverso como Bolivia el flujo de buena información no siempre tiene la calidad y la velocidad deseadas.
Finalmente, está el riesgo de una politización del proceso. La elaboración de una Constitución es una tarea política y también técnica. Cómo equilibrar ambos si los propios candidatos a la Asamblea Constituyente deben realizar sus campañas al calor del enfrentamiento entre las distintas mediaciones políticas del sistema democrático: partidos políticos, agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
Rumbos contrapuestos
Respecto a la Constituyente, Evo y el MAS se dirigen a la articulación de un gran frente nacional. Quieren trepar mucho más allá del 54% que obtuvieron en las elecciones presidenciales del 18 de diciembre del 2005.
Plagio
Ante un tribunal inglés se dirime una demanda por apropiación indebida contra Dan Brown, el autor de El código da Vinci, novela de éxito mundial y cima del esoterismo pueblerino.