Los resultados de las últimas elecciones generales fueron portadores de importantes mensajes. La gran demanda ciudadana por el cambio debe ser viabilizada a través de diversos ejes programáticos, entre los cuales se destaca la necesidad de introducir cambios en las reformas ejecutadas dogmáticamente en el período presidencial ultraneoliberal del 93 al 97: Capitalización, Sistema de regulación y Reforma de pensiones.
Desde esta columna en agosto del año pasado señalamos que: ´el elector tendrá la posibilidad de relocalizar a los representantes de la visión neoliberal ortodoxa que destruyó brazos estratégicos del Estado con la Capitalización´. Y la anhelada relocalización se dio por voluntad de casi la totalidad de los electores.
Hoy por primera vez se tiene la oportunidad histórica de introducir cambios en esos procesos sin la presencia hegemónica o la injerencia de mentes neoliberales que desde distintas ubicaciones se dieron formas de preservar la esencia y el contenido de esas reformas dogmáticas.
En el pasado se dieron importantes intentos de modificar la Capitalización. El intento de cambio más destacable fue la aprobación de la Ley de Propiedad y Crédito Popular que permitía la distribución de acciones populares como un mecanismo para otorgar propiedad individualizada y registrada a cerca de 2,7 millones de ciudadanos bolivianos y, de esa manera, una especie de pasaporte para el ejercicio de derechos económicos fundamentales como acceso al crédito, capacidad de invertir y asociarse, entre otros.
Ese cambio fundamental salió airoso frente a los recursos de inconstitucionalidad presentados por la oposición gonista de ese entonces —lo que constituye un antecedente/demostración de que es posible introducir cambios sin afectar jurídicamente legítimos derechos de los beneficiarios ni tampoco de los socios extranjeros—; pero lamentablemente no pudo superar la ineficiencia y la complicidad incrustadas en las filas oficialistas.
Si bien posteriormente se instituyó una Delegación para la Revisión de la Capitalización, lo cierto es que en una primera etapa, más allá de los esfuerzos del primer delegado, no se podía producir mayores resultados expresados en cambios porque el Presidente era el mentor de la Capitalización, y tampoco en una siguiente etapa con otro Presidente, debido a que el nuevo delegado resultó ´más papista que el papa´.
La actual gestión gubernamental anunció que se busca tomar el control de las capitalizadas, logrando que el Estado adquiera el 51 por ciento de las acciones. Para algunas mentes ancladas en el pasado, eso sería ´simplemente inviable´; sin embargo, el verdadero reto consiste en devolver al Estado la iniciativa y capacidad de decisión en sectores estratégicos que nunca debió haber cedido/entregado. Adquirir el 51% de las acciones sería complicado, pero de lo que se trata es de tener el control sobre las grandes decisiones.
Algo factible a través de diferentes mecanismos como una conversión de ciertas acciones en acciones de oro. Existen diversas opciones para encarar el reto, lo importante es que ya se relocalizó a los neoliberales dogmáticos y a sus cómplices encubiertos.
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