Jóvenes chiquitanos ven en la radio una oportunidad para aprender y evadirse de la rutina diaria.
Javier Badani Fotos: Javier Badani / David Isaksson
Atención, oyentes de la comunidad Palmarito. Mensaje de José Soriocó para su familia: \'Querido hijo, encerrá a la vaca de tu madre. Al fin la vendimos. Mañana pasaremos a recogerla en camioneta\'´. El locutor finaliza la lectura del aviso y el timbre de su voz parece estancarse en el sofocante ambiente del billar. Sin embargo, de repente, un ejército de despreocupadas carcajadas retumba en la atiborrada sala donde ahora la cantante mexicana Ana Bárbara se adueña de los vetustos parlantes del aparato tres en uno.
Fuera de la anécdota, es con esa vivencia personal con la que Carlos Huanca Dorado (29), director de Radio Chiquitania, ejemplifica la importancia social de la radiodifusión en las comunidades de la región. Y es que como bien explica el radialista, que realiza su labor desde Concepción —a 300 kilómetros al noreste de la ciudad de Santa Cruz—, la gran mayoría de las poblaciones indígenas del oriente boliviano no cuenta con electricidad. Así, los sistemas de comunicación e información, como el teléfono o la televisión, son escasos y en otros puntos incluso una utopía.
Por ello, en la Chiquitania la radio mantiene intacta su hegemonía. Esta afirmación se comprueba al visitar las comunidades del municipio de Concepción —con una población aproximada de unos 15.000 habitantes—, donde gracias a la labor de jóvenes reporteros, en su mayoría empíricos, los campesinos se enteran de todos los acontecimientos del país y del mundo. Pero, además, las radiodifusoras brindan la oportunidad única a los indígenas de trasmitir, a través del éter, su propio latido.
Reporteros populares
´¡Levántense... ya llegó Radioooo Chi-qui-ta-nia!´. De esta manera, antes de que los rayos del sol se instalen cada mañana en Concepción, la voz de Maruco —Abel Supayave (38)— inicia la transmisión de ´Amanecer con Chiquitania´. Este programa, que se difunde de lunes a viernes de 5.30 a 7.30, se centra en la difusión de la historia y las expresiones culturales de la zona.
´Los españoles llegaron aquí en busca de una ciudad de oro, pero sólo encontraron indios \'chiquitos\'... De ahí viene lo de Chiquitania´, explica desde el micrófono el educador indígena mezclando bésiro y castellano. Lo interrumpe la tanda comercial, donde se oferta material escolar de la casa de doña Chichina.
Radio Chiquitania 95.3 FM cuenta con una cobertura de 80 kilómetros y llega a más de 40 comunidades indígenas. Creada hace ocho años, la emisora fue la primera en instalarse en Concepción.
El programa estrella es el ´Informativo Chiquitano´, que da a conocer las noticias generadas en las comunidades. Esto se logra, sobre todo, a través de los radioaficionados, quienes cual expertos comunicadores dan a conocer los hechos relevantes de su localidad.
Uno de ellos, Huanca Dorado, recuerda, por ejemplo, una trágica noticia que se generó hace un año en Santa Rita, a 10 kilómetros de Concepción. Entonces, ´retransmitimos la información sobre una epidemia de fiebre hemorrágica que se llevó la vida de una familia entera´, comenta con tono triste.
Localmente, mientras tanto, son dos los jóvenes —empíricos ambos— encargados de la labor periodística. Uno de ellos es Édgar Gutiérrez Supayave (19), que es camarógrafo, además de reportero radial, en el único canal de Concepción, el nueve, Chiquitania Tv.
Gutiérrez llegó a Concepción impulsado por su anhelo de ser bachiller, ya que en su comunidad, San Silvestre —como en buena parte de las localidades chiquitanas—, sólo existe la educación primaria. Hoy, gracias a las ondas, Édgar es uno de los personajes más famosos de toda su localidad, donde habitan unas 50 familias.
´Yo no sabía que existía secundaria. Lo escuché en la radio´, recuerda el joven, que ahora sueña con poder dirigir un día un programa deportivo en la televisión.
Mientras ese día llega, Édgar debe conformarse con manejar la cámara V8, el micrófono y la reportera... Todo al mismo tiempo.
Para mitigar un poco tanta responsabilidad, está su compañero, Hugo Baylaba (20), el séptimo de 12 hermanos, quien trabaja como reportero hace tres años y cuenta ya con innumerables anécdotas.
´Un día fuimos a una comunidad lejana para hacer una nota. La gente se escapaba de la reportera. Y al final, luego de grabar a algunos pobladores, nos dimos cuenta de que la reportera no tenía casete´.
Los derechos de los menores
En el hogar de la familia Ramos Rodríguez, en Candelaria, la guerra estalla a las 14.00. ¿El objetivo?, dominar la destartalada radio de transistores que habita al lado de un mechero que funciona con diesel. En una esquina se halla el jefe de la familia, Juan, quien lucha por sintonizar las noticias. Sus seis hijos, en cambio, insisten en escuchar el programa infantil ´Mandandirudirurán´. Al final, Juan cede y, entonces, las voces de un grupo de niños que se transmiten desde la sede de radio Fides 98.3 FM, en la localidad de Concepción, a 20 kilómetros, irrumpen potentes en la casa.
´Mandandirudirurán´ está dirigido por niños y el programa se centra en la difusión de los derechos de la población menor de edad. Esto, matizado por canciones infantiles, concursos y la participación de Américo Ortiz, encargado de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia.
Evelin Mollo tiene 15 años y es la que se ocupa de operar los equipos durante el programa. La muchacha, que recién cursa segundo de secundaria, forma parte de un grupo de jóvenes que, de manera voluntaria, trabaja en la emisora.
Si bien a Evelin le apasiona el mundo de la comunicación, ella confiesa que luego de escuchar en ´Mandandirudirurán´ los problemas de los niños ha tomado la decisión de convertirse en doctora, ´para ayudar así a los peladingos´.
Dos personas conforman la planta de Radio Fides en Concepción, que inició sus trasmisiones el año 2004. Jesús Mencary (20) es el que está a cargo de la emisora y Gabriela Montenegro, de 26 años, es la contadora, además de conductora de la revista informativa. Ambos comparten en su tiempo libre los secretos de la radiofonía con los jóvenes de Concepción.
Por amor a la radio
´Mensaje para La Embocada: \'José, mañana tenés que estar atento. Estoy mandando la encomienda en la Patasquera —bus que hace el trayecto desde San Ignacio de Velasco a Concepción. Su nombre se debe a que recorre el trayecto de madrugada, cuando se acostumbra comer patasca—. Avísame por radio si no te llega\'´. Luego de la lectura, Gabriela retoma contacto con el noticiero de Fides, en La Paz.
Mientras su habilidad se deja sentir en los controles, explica que su meta es ser periodista. Sin embargo, Gabriela es consciente de que, por el momento, ese sueño está aún lejos de materializarse, ya que para ello necesariamente debería trasladarse a vivir a Santa Cruz.
Pese a todo, existen en la Chiquitania pequeñas oportunidades de capacitación radiofónica a través de distintos talleres de organizaciones como Diakonía y Formasol.
La ONG cruceña Formación Solidaria (Formasol), por ejemplo, escoge periódicamente, junto a las autoridades indígenas de las comunidades, un joven para capacitarlo en locución, escritura de libretos de radio y resúmenes de noticias. El taller dura unos tres días y la práctica se efectúa gracias al apoyo de las emisoras establecidas en Concepción. Allá, además de las radios Chiquitania y Fides, también trabaja la emisora Stereo.
´Es un trabajo difícil, pero basta con escucharlos para saber que los cursos tienen un impacto real en sus vidas´, dice José Ros Izquierdo, uno de los integrantes de Formasol.
A las 14.00, el billar que hacía tan sólo un par de horas se hallaba atestado de jugadores, está despoblado, inmerso en un silencio casi fúnebre. Es la hora de la siesta en Concepción..., por lo menos así lo anuncia, con sus primeros compases, el inicio del programa de rancheras románticas en radio Fides.