El ocupar minibuses para el transporte público de La Paz tiene sus beneficios pero también ofrece inconvenientes. El hecho de que es un vehículo pequeño es ya una incomodidad, debido a que son utilizados para transportar una docena de personas, en condiciones extremadamente precarias.
Por la disposición que tienen los asientos, cuando un pasajero quiere bajar del vehículo, obliga a varios otros a que desciendan del mismo para permitir que aquél pueda proceder a su descenso. Además, esto obliga a cambiar de asiento, lo que crea sus correspondientes molestias.
Por no ser un vehículo alto, cada salida y entrada exige hacerlo agachado, lo que obliga a tener la vista hacia abajo. Así, al subir y bajar, los golpes en la cabeza son constantes, especialmente en las personas de estatura elevada.
Donde la situación se torna ya insoportable es en la poca distancia que hay de asiento a asiento. No se sabe dónde colocar las rodillas o sencillamente hay que tolerar la incomodidad mayor que puede darse en un vehículo.
Esto último, sin embargo, no sucede en todos los minibuses, aunque sí en la mayoría. Hay casos en que la disposición de los asientos se ha hecho con la suficiente holgura, de manera que definitivamente se puede viajar cómodo. Pero en los más se viaja en una estrechez martirizante.
Correspondería al Servicio Departamental de Tránsito cuidar por lo menos este último detalle. Es decir, que debería tener una regulación sobre la distancia en que deben colocarse los asientos, para que los pasajeros no viajen en condiciones tan adversas, peligrosas y deprimentes.
Los minibuses pueden desplazarse por toda la ciudad, de manera que no hay sector urbano que carezca de este servicio, lo que se reconoce. Además, sus pasajes son baratos, por efecto del subsidio a los carburantes.