La visita del presidente Evo Morales a Chile, en ocasión del cambio de gobierno efectuado en ese país, ha sido de fundamental importancia para la cuestión marítima nacional. Ya con la venida a La Paz del ex presidente chileno, Ricardo Lagos, en enero pasado, se habían abierto serias expectativas para ese trascendental problema. En esa oportunidad, Lagos reiteró que su gobierno y el de su sucesora, la señora Michell Bachelet, estaban dispuestos a conversar y negociar con nuestro país sobre todos los temas de la agenda bilateral sin exclusión alguna.
Pero ahora, la situación mejoró ostensiblemente. No sólo el gobierno de la señora Bachelet está llano a tratar el tema marítimo, sino que el pueblo chileno, en forma masiva, —se calcularon cerca de diez mil personas reunidas en el Estadio Nacional de Chile—, pidió una salida al mar para Bolivia. El propio Presidente boliviano quedó asombrado por este espontáneo clamor que poco tiempo atrás habría sido un suceso simplemente inimaginable.
A ello hay que agregar que últimamente se ha recibido la noticia de que varios de los parlamentarios del sector más derechista de Chile, como el almirante Patricio Arancibia, ex comandante en jefe de la Armada chilena, también se habrían manifestado a favor de un diálogo franco con nuestro país que incluyera la cesión de una franja con soberanía a Bolivia, pero con una compensación territorial. Esto demuestra que la inmensa mayoría de los chilenos ha superado su vieja y tradicional posición de que el Tratado de Paz de 1904 habría zanjado todos los problemas devengados de la Guerra del Pacífico.
Se podría decir que la primera etapa de nuestro camino al mar, el de lograr que la ciudadanía chilena comprenda la existencia del problema marítimo boliviano ya se habría alcanzado. Y en un tiempo muy corto, pues no hace más de un año y medio atrás, el propio presidente Ricardo Lagos declaró que nunca se trataría el tema marítimo con Bolivia. Evidentemente estaba muy molesto con la lamentable política trazada por el presidente Mesa de no permitir que ninguna molécula de gas nacional vaya a Chile.
Ahora se debiera encauzar nuestra política a una segunda etapa, que consistiría en conversar en forma reservada sobre la solución del problema, ya sea mediante negociadores confidenciales o por comisiones mixtas reservadas. Y se tiene un antecedente al respecto, la reunión de la última comisión mixta a nivel de viceministros de relaciones exteriores, que se realizó en Iquique, en noviembre del año pasado. En ella se analizó el problema de nuestro enclaustramiento, como consta en el acta de referencia.
Pero es menester que los bolivianos primeramente nos pongamos de acuerdo en la solución del problema. Algunos de nuestros compatriotas todavía insisten en la obtención de un enclave por el territorio que antes fue nuestro, y otros, en una internacionalización del puerto de Arica. Estas concepciones, aparte de no cumplir con el anhelo nacional de lograr una salida al mar propia y soberana, no tienen ninguna posibilidad de concretarse. Desde 1975 a la fecha, Chile ha rechazado enfáticamente otorgar un enclave, porque éste en vez de solucionar el problema, lo trasladaría al futuro, porque Bolivia seguiría pidiendo permiso a Chile para atravesar su territorio. Además, crearía una solución de continuidad en el mar territorial chileno, lo que jamás sería aceptado por ese país. También ha sido rechazada categóricamente cualquier injerencia peruana en Arica.
En consecuencia, la única solución posible es la cesión de un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial desde la costa hasta nuestra frontera. Ella fue planteada en las tres negociaciones más importantes que se llevaron a cabo en la segunda mitad del siglo XX: las de 1950, de 1975 y de 1987. En la segunda de ellas, Chile la presentó oficialmente como solución definitiva del problema. Y en verdad ésta satisface el problema en cuestión, porque rompe nuestro enclaustramiento, con la obtención de un territorio continuo hasta el océano Pacífico. La solución además, sería útil, porque en la costa del corredor, que tendría unos ocho kilómetros de ancho, se puede construir un excelente puerto, mucho mayor que el de Arica, el cual con todos sus establecimientos, sólo abarca un kilómetro y medio. Y este puerto boliviano estaría conectado con el país, por el aeropuerto de Chacalluta, el ferrocarril de Arica a La Paz, y el camino de Arica a Charaña, medios de comunicación que pasarían a plena soberanía nacional.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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