Si yo te hubiera de pagar, Sancho —respondió don Quijote—, conforme lo que merece la grandeza y calidad de este remedio, el tesoro de Venecia y las minas del Potosí fueran poco para pagarte´.
Si compartiera nuestros tiempos, posiblemente, Miguel de Cervantes Saavedra emplearía una frase similar a la extendida ´vale un Potosí´ para referirse al charango y sentenciar, de esa manera, la propiedad de Bolivia sobre el caparazón del quirquincho que un día se convirtió en instrumento musical.
Cuerdas con historia
El charango nació a partir de la antigua vihuela de mano, cordófono introducido en Latinoamérica —primero en Bolivia— en la época de la colonia, en el siglo XVI, cuando estaba en pleno apogeo en España.
El eximio Ernesto Cavour, charanguista boliviano y fabricante de instrumentos nativos, en su libro ´El charango. Su vida, costumbres y desventuras´, editado por primera vez en 1980, despeja muchas dudas sobre el origen del instrumento.
Dice, por ejemplo, que ´en el año de 1616, Potosí ya contaba con un coliseo propio, un lugar donde las artes alcanzaron su gran esplendor con representaciones de teatro indígena y obras de clásicos españoles, y donde se cantaba y bailaba al son de la vihuela, instrumento que se adentró en el corazón del nativo boliviano para perdurar a través del tiempo, dando origen al nacimiento del charango después de librar procesos de transculturación, y aculturación tales como remedo, afecto, prestigio, curiosidad, etc.´.
A propósito de remedos, el ex presidente chileno Ricardo Lagos obsequió el pasado 26 de febrero un charango al líder del grupo de rock U2, Bono, para que se lo llevase como un recuerdo representativo de su país. Dado el éxito de la banda irlandesa, el gesto del mandatario transandino repercutió a nivel internacional y dio pie a la molestia de varios artistas bolivianos, considerando que la antecesora del charango, la vihuela, llegó antes al antiguo Alto Perú, hoy Bolivia.
Concretamente, este cordófono fue utilizado en un principio por las diferentes órdenes religiosas que llegaron aquí para acercar a los indígenas a los preceptos de la fe.
Más tarde, fue en Potosí donde sufrió transformaciones hasta vestirse de charango, según lo confirma Cavour, quien en su curioso Museo de Instrumentos Musicales, de la calle Jaén de La Paz, expone toda una variedad de charangos.
Según Cavour, entre los siglos XVI y XVII, los arrieros de las distintas comunidades llevaban su mercadería por carretera ´siempre con sus charanguitos a cuestas´.
´Las manos indígenas dieron forma a las maderas para crear instrumentos musicales como el charango desde su propia mirada y sentimiento, reconstruyendo parte de su pasado dentro del presente colonial que les tocó vivir´, apunta el estudioso de la historia del charango, al que aprecia de tal forma que lo considera como ´pasaporte y carnet de identidad´.
En la iconografía del país
También en la iconografía de la arquitectura mestiza aparecen rasgos de la vigencia del charango entre los siglos XVII y XIX. Así, las portadas de varias iglesias de la parte andina de Bolivia y Potosí, además de algunas casonas potosinas, se muestran adornadas con sirenas charanguistas. ´Las sirenas andinas se caracterizan por llevar no sólo un instrumento musical en las manos, sino que, a veces, tienen en los brazos o sobre la cabeza cestas de frutas…´, deja sentado Teresa Gisbert en su texto ´Iconografía y mitos indígenas en el arte´.
Cavour, al respecto, expone algunos ejemplos, como una pareja de sirenas ambidextras —esculpida en 1747— que toca charango junto a dos músicos en la iglesia potosina de San Lorenzo. Asimismo, refleja que también existen sirenas charanguistas en templos peruanos, citando la Basílica Mayor de Puno y la iglesia de Juli.
Voz andina para nombrarlo
La palabra ´charango´ deriva de la voz quechua ´chajhuancu´, coinciden varios autores. Y Cavour completa esto mencionando otros dos términos: ´charanga´, bastante utilizado en la época de la colonia para nombrar la música de instrumentos metálicos, y ´charanguero´, que significa tosco, grosero, chapucero´.
´Esto se debe a su condición de instrumento rústico y barato´, dice.
Con relación a Chile, mientras tanto, lo más próximo que tiene ese país al charango es el charrango, que, según detalla Cavour, ´se compone de cuerdas de alambre cuyos extremos están clavados a una tabla y tensadas por dos botellas tumbadas en los extremos´.
Evolución del instrumento
Los primeros charangos o réplicas de la vihuela fueron hechos en el siglo XVI, y la mayor parte en un tipo de madera laminada que era conocido como ´guitarrita de madera´. Y no fue hasta el XIX que aparecieron diseños más exóticos, elaborados gracias a los caparazones de quirquincho, que terminaron por delimitar el tamaño del instrumento.
Hoy, sin embargo, se ha retornado a la madera para su fabricación, ´utilizándose la llauk\'eada para conseguir una réplica de la espalda del quirquincho´, explica Cavour.
Con todo, es muy difícil cuantificar las transformaciones del charango desde su creación. Y es que el mismísimo Cavour ha clasificado ya más de 40 charangos en Bolivia de diferentes tamaños, cajas de resonancia, tesituras, modos de afinación y materiales de construcción, al margen de un número variable de cuerdas. También ha contabilizado más de 20 charangos nuevos que han ido apareciendo desde mediados del siglo pasado y fueron inventados por autores bolivianos, tanto por artesanos rurales como por músicos urbanos.
En la actualidad, pese a estos referentes, distingue nada más entre el ´charango artista´, elaborado por un luthier, y el ´campesino´, mucho más rústico y económico.
Fabricantes tradicionales
Ciudades enteras se dedican desde hace décadas a la construcción de charangos. Entre ellas, destacan Aiquile (Cochabamba), Betanzos (Potosí) y Villa Serrano (Chuquisaca), en cuya población, inclusive, se construyó el charango más grande que hay en el mundo, que mide 6,13 metros de largo por 1,13 de ancho, haciendo realidad la idea original de uno de los grandes maestros del instrumento, el difunto serranense Mauro Núñez.
Semejante abanico de fabricantes, sin embargo, ha propiciado que surjan dudas respecto al lugar exacto donde pudo haberse originado el cordófono. Así, el popular ´Tarateño Rojas´ asegura que puede ser de Oruro o Potosí. Y Enrique Ponce de León, por su parte, identifica al potosino Sayri Willka, gran intérprete de la quena, como su inventor.
Con todo, éstas son ya polémicas menores, que no cuestionan el origen boliviano del instrumento, un cardófono al que, como dice Cavour, ´muchos han querido darle nacionalidad chilena, peruana e incluso colombiana y mexicana´.
Aunque no hay dudas de su origen boliviano, todavía se debate sobre su lugar exacto de nacimiento.