Si la estrategia anunciada por el presidente Morales está inspirada en la experiencia venezolana, cometería un suicidio político. Es deplorable un anuncio hecho por el Presidente de la República en los últimos días.
Evo Morales ha dicho en un discurso que su partido se prestará una sigla adicional a la propia para que en las elecciones de julio próximo sean elegidos los tres candidatos oficialistas en una sola circunscripción electoral.
“¿Por qué vamos a dejar que la derecha tenga uno de los tres cupos de la circunscripción?” se ha preguntado el jefe del MAS.
Le respondemos: porque las minorías, no importa que sean de derecha, izquierda o centro, tienen derecho a estar representadas en la anunciada Asamblea Constituyente. Si se las ignora o se las elimina por cualquier método, la democracia corre grave peligro.
Es cierto que si los militantes de un partido, como estrategia electoral, deciden participar en dos listas distintas para cerrarle el paso al adversario, no están violando ninguna norma porque las leyes electorales vigentes no lo prohiben.
Pero esa legalidad repugna a la esencia de una democracia verdadera. La Ley de Convocatoria recién promulgada, eliminó mañosamente el concepto de uninominal. ya que, de acuerdo a su texto, el voto en la circunscripción es por el partido antes que por la persona.
En el caso presente no es necesario aplicar aquello de “hecha la ley, hecha la trampa” porque la trampa está autorizada por la ley misma.
Sorprende que la oposición parlamentaria hubiese dejado aprobar la ley de convocatoria con el texto de su redacción final. Los opositores debieron haberse mostrado más firmes y evitar que prosperara esa ley conculcatoria.
Supongamos que la estrategia del MAS para la elección de constituyentes se traduzca en un triunfo aun más amplio que el obtenido en diciembre último y que ese partido obtenga los ansiados dos tercios en la Constituyente. ¿Qué habrá logrado con ello? No mucho pues se trataría de uno de esos triunfos llamados pírricos.
En caso de que se imponga una manipulación como la anunciada, al amparo de una ley-trampa, se desencadenaría un alineamiento político al margen de cualquier partido, agrupación ciudadana o pueblo indígena. Los constituyentes se pondrían la camiseta de sus departamentos dando lugar a una nueva y siempre peligrosa reyerta regional.
Los dos tercios perderían su magia y su efecto, en medio de apasionados y bulliciosos argumentos regionalistas acompañados de las inefables “medidas de hecho”. Como se ha demostrado más de una vez, esas razones no admiten discusión ya que se mueven en un juego de sumas cero.
Echemos una mirada a la situación actual. Pese a ser (o haber sido) controlada, pactada, partido- crática, víctima del cuoteo y minada por el nepotismo y la corrupción, lo cierto es que la democracia boliviana que empezó en 1983 mantiene su vitalidad y su vigencia.
En aquel año se produjo la derrota definitiva del militarismo como sistema ilegítimo para gobernar. Veinte años después, la revolución de El Alto de octubre, 2003 (mal llamada “guerra del gas”) sentó las bases para eliminar la exclusión social y la discriminación étnica.
Eso no fue suficiente ya que hasta las elecciones de 2005 vivimos un período de peligrosas turbulencias. Afloró el conflicto regional que permanecía latente a lo largo de las dos décadas anteriores. Desde las últimas elecciones, la pugna entre la macroregión andina y la amazónico-platense por la supremacía en el país, entró en una nueva pausa.
Pero si llegamos al Referéndum Autonómico y a la Constituyente con la amenaza de eliminar la oposición, veremos renacer el fundamentalismo regional para lo cual no se necesita mucho esfuerzo. Resucitará la “media luna” mientras el bando opuesto no se transará por menos que la refundación del Kollasuyo. ¿Es allí adonde apuntan las amenazas masistas?
Si la estrategia anunciada por el presidente Morales está inspirada en la experiencia venezolana, cometería un suicidio político pues ese es el peor de los ejemplos. Hugo Chávez gobierna ahora sin oposición parlamentaria. Además de aniquilar la democracia en ese país, ¿qué beneficios está obteniendo Chávez con su régimen atropellador y vocinglero?
De otro lado, bueno es entender que los bolivianos jamás aceptarían el modelo chavista. La masa campesina e indígena de nuestro país, pese a su pobreza, es propietaria de la tierra, posee cultura política y su visión del mundo es democrática y conservadora. Los dirigentes “machu-machu” y habladores como Felipe Quispe, duran muy poco. Deben, como éste lo ha anunciado (usando una sensatez que hasta ahora no le conocíamos), replegarse al seno de su familia a labrar la tierra.
En medio de sus exabruptos verbales que tanto daño le hacen, a Evo Morales le quedan muchos puntos a su favor y haría bien en no dilapidarlos. Tiene aun suficiente espacio para usar el sentido común abandonando la idea de aplastar a las minorías las cuales, viéndolo bien, no tienen nada de pequeñas.
Si la oposición se une (como parece que ya lo está haciendo) y si busca apoyo en las regiones (lo cual no es difícil) el sueño de Evo de construir un Estado chavista puede desvanecerse para bien de todos, empezando por él mismo.
Con el alma rota
Hagamos un recuento de algunas zurcidas del alma en la población boliviana: El censo del 2001 nos dijo que 62 por ciento se autoidentifica como parte de algún grupo étnico o pueblo indígena,
Cordón umbilical
Como todos ya lo saben el cordón umbilical es la conexión perfecta entre la madre y su hijo durante la vida fetal de éste.
Nacionalización y multinacionales
Durante los últimos años se ha hablado mucho de la nacionalización de las empresas petroleras en el país. Desde que el MAS ganó las elecciones se habla de nacionalización sin confiscación ni expropiación, concepto que todavía no está claro.