El mundo globalizado ha generado el término “outsourcing”, definido como el proceso que efectúa una organización al separarse de una o más unidades productivas, funciones u operaciones de ella y contratarlas externamente. ¿Cuál pensaría usted estimado lector, que sea el tercer país del mundo que capta mayores inversiones por outsourcing? Pues un país latinoa- mericano, Costa Rica. Sólo China e India superan a este pequeño país de nuestro hemisferio en la captación de recursos mundiales por este concepto. El rubro de estas inversiones multinacionales es el de la industria de la tecnología de la información, con la fabricación de microchips para computadoras. ¡De país bananero a república digital! Y Costa Rica no es la única nación de este lado del mundo que obtiene beneficios de los aproximadamente cincuenta mil millones de dólares que se invierten anualmente en el mundo; Chile se sitúa en el puesto número nueve, Brasil en el lugar quince y México en la ubicación diecinueve. ¿Y qué tienen estos países de común que los hace atractivos a estas grandes inversiones? Una respuesta es la mano de obra barata, pero no la única; los otros factores son: una sociedad estable, transparencia, recursos humanos calificados y el imperio de la ley que otorgue seguridad jurídica a las inversiones. Bolivia no reúne ninguna de estas características.
Hoy el mundo navega velozmente por una tendencia muy interesante, el de la revolución del conocimiento. Las comunicaciones y la internet han democratizado la información y el planeta y los países que lo integran giran a la velocidad de los que más saben. Costa Rica, al abolir sus fuerzas armadas en 1949, volcó esos recursos a la educación, a la salud y a la seguridad social y por ende hoy cosecha frutos y bienestar al estar integrada a la nueva tendencia económica mundial; la economía del conocimiento.
Y para los globofóbicos que pudieran estar leyendo esta columna, les digo sí, que sí existe una gran asimetría y una injusta distribución de los beneficios de este fenómeno. Pero que los países previsores saben que deberán adaptarse y no aislarse de este hecho ineludible. Inclusive Estados Unidos, el principal villano de este proceso ante los ojos globofóbicos, también recibe embates de la globalización. Los trabajos que el outsourcing genera en terceros países son trabajos que pierden ciudadanos norteamericanos. Y se dice por ahí que los movimientos antiglobalizadores del mundo son financiados en parte por los grandes sindicatos de trabajadores del país del norte.
En todo caso, conocimiento no significa sabiduría, lo cual es indispensable para guiar a una nación. Sabiduría para saber que ir con la corriente inteligentemente no significa ser indigno y que ir contra la corriente —con la salvedad de los salmones—, en el mejor de los casos, nos mantendrá “in situ”, mientras el mundo avanza en tiempo real.
*Orlando Cabezas G. es ciudadano boliviano.
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