En repetidas ocasiones manifesté que nuestro relacionamiento energético con el Brasil puede ser similar al que existe entre Canadá y EEUU. El pasado 16 de marzo, el Jornal do Brasil publicaba declaraciones del señor Aloisio Vasconcelos, presidente de Eletrobrás, como una respuesta a las críticas de la Cámara Brasilera de Inversiones en Energía Eléctrica. El presidente de Eletrobrás indicaba que en junio, Eletrobrás piensa licitar la construcción de las presas brasileras sobre el río Madera. A las opiniones que el proyecto pudiera no ser viable financieramente, Vasconcelos declaró terminantemente: “Tenemos que hacer esas inversiones. Las presas son parte de un proyecto mayor”. Esta última frase, como veremos, tiene un gran contenido.
Sintéticamente, en qué consiste el proyecto de las presas sobre el río Madera, que para la mayoría de nosotros es una región remota y extraña. Como punto de información. El río Madera, uno de los principales afluentes del Amazonas, nace en Bolivia, en el noreste de nuestro territorio, por la conjunción de las aguas de los ríos Beni y Mamoré. Son ríos gigantescos, por los cuales la mayor parte de las aguas que fluyen por Bolivia concurren para terminar en el Amazonas.
El proyecto completo contempla la construcción de tres presas para generar electricidad. Dos en el Brasil en las localidades de Santo Antonio y Jirau y una tercera en la zona limítrofe entre Bolivia y Brasil, denominada Presa del Abuná. Estas tres presas podrían generar aproximadamente 9.450 megawatts (MW) de potencia, de los cuales 3.000 MW podrían ser obtenidos en un emprendimiento binacional en la Presa del Abuná. Estas cantidades de energía a obtenerse colocarían al total del proyecto en dimensiones de los más grandes aprovechamientos hidroeléctricos del mundo. Pero su grandiosidad e importancia no terminan ahí. Las presas están diseñadas para que además de contener las aguas del Madera, estén dotadas de esclusas para que así se permita la navegación de todo el Madera hasta Porto Velho, en el Brasil, y lograr el tránsito de embarcaciones de gran calado, utilizando los lagos que conformarían las presas. Las esclusas permitirían superar el desnivel de las aguas arriba y debajo de las presas. Al presente esa navegación no es posible por la existencia de enormes rápidos, que son las famosas “cachuelas”, tanto en territorio boliviano como en el Brasil. Los lagos que se formarían por la contención de las aguas, cubrirían esos obstáculos permitiendo, con las esclusas, una franca navegación. En palabras simples, la navegación por el Madera hasta el Atlántico. Para nosotros la realización del proyecto significaría la navegación libre desde Puerto Villarroel hasta el Atlántico. Otra forma de solucionar nuestro enclaustramiento, incorporando a la actividad económica todo el olvidado noreste boliviano y al mismo tiempo otra alternativa para nuestras exportaciones utilizando transporte fluvial, que es el medio más barato de transporte que existe. Lamentablemente, la licitación que planea realizar Eletrobrás está referida tan sólo a las dos presas en territorio brasilero, no incluye la presa en las aguas binacionales boliviano-brasileñas.
La idea de lograr la navegación hasta el Atlántico por nuestros ríos y los brasileros, no es nueva. Una remembranza histórica. Cuando YPFB descubrió petróleo en Bulo-Bulo a fines de 1964, con la convicción que se había descubierto una nueva comarca petrolera en el país, planteó al gobierno de entonces el iniciar tratativas para sortear las cachuelas mediante esclusas, como se proyecta ahora, para exportar petróleo por el Atlántico. Ese planteamiento, como tantos otros, debe estar sepultado en los archivos del Palacio de Gobierno.
Brasil, en su incesante búsqueda de nuevas y mayores fuentes de energía, y en su forma pragmática de proceder, ha elaborado el proyecto de las presas hidroeléctricas y las esclusas que permitan la navegación. El diseño de estas instalaciones que ha sido acometido por Furnas, empresa de Eletrobrás, desde el 2001 está terminado y listo para su licitación de construcción. Lamentablemente, repito, tan sólo para las dos presas en el territorio brasileño.
El 2004, cuando se iniciaron tratativas con Brasil para la revisión de los precios del gas que exportamos a ese país, la prensa en repetidas ocasiones informó que las misiones brasileñas plantearon el proyecto de las presas en el río Madera a nuestro Gobierno. No se conoce nuestra reacción, probablemente escasa o ninguna, por eso se licitarán las obras en el Brasil solamente.
En repetidas ocasiones, he manifestado que nuestro relacionamiento energético con el Brasil puede ser similar al que existe entre Canadá y EEUU de Norteamérica. Un país con grandes recursos energéticos colindando con el mayor mercado del mundo. Canadá es el mayor, no único, proveedor de gas a EEUU de Norteamérica, y también de electricidad. Al igual que podría ser en el río Madera, esos dos países del norte han construido gigantescas plantas hidroeléctricas en el río San Lorezon que es limítrofe entre ellos.
Ahora que tenemos un Ministerio del Agua, el incorporarnos al proyecto de las presas y esclusas en el río Madera, con todas sus grandes posibilidades, a las cuales se debe añadir el proyecto de Cachuela Esperanza, que podría generar 600 MW adicionales, debería ser una labor prioritaria que todos debemos apoyar. El noreste boliviano con sus grandes ríos, puede convertirse en una especie de Tarija de la electricidad. Estos proyectos son más fértiles y de mayor trascendencia que el pensar en la creación de un décimo departamento que pretenda sustituir al Tarija gasífero.
*Carlos Miranda P. es ingeniero petrolero, fue superintendente de Hidrocarburos.
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