A lo largo de la evolución histórica del concepto de Estado, han surgido una serie de movimientos sociopolíticos que, en más o menos medida, han propuesto proyectos de modernización, pero, qué duda cabe que la más inflamable de estas propuestas, es el concepto de autonomías.
Las autonomías surgen como nuevas instancias de organización política en la democracia contemporánea. En los últimos 20 años, las asambleas constituyentes van adquiriendo progresivamente popularidad en América Latina, e independientemente de su validación estrictamente legislativa, estas Asambleas resultan ser escenarios propicios para evaluar y replantear el papel de la institucionalidad democrática, además de reconcebir la soberanía de naciones, regiones y etnias.
Desde hace algún tiempo se empezó a tratar el embolismático tema de las autonomías como una posibilidad que buscan muchas sociedades para reivindicar —con bastante ímpetu— efectivos niveles de descentralización integral. Ahora bien, el término autonomía, encierra significados en el nivel administrativo, en el nivel legislativo, en el nivel impositivo y en el nivel territorial, además, plantea nuevas responsabilidades y nuevas decisiones desde el poder local.
No obstante, tanto el separatismo independentista como los planteamientos más leves de carácter autonómico, ponen en riesgo lo que económicamente se denomina: la equiparidad, es decir, la inseguridad económica de regiones estancadas que dependen de la prosperidad económica de regiones progresistas dentro de una misma República. Entonces, el núcleo de tan terrible cuestión, radica, por un lado en la autarquía, y por otro lado, en la permanente dependencia.
En consecuencia, debemos preguntarnos si las autonomías atemorizan porque constituyen un elemento contribuyente a la ya avanzada desagregación social, o, porque plantean el exterminio del parasitismo estadal. Pero, hay más, los antiautonomistas no estarán atrincherados en el pretexto de que no se puede destruir lo que históricamente fue creado como un proyecto nacional, y que las tendencias autonómicas no son más que planteamientos oclusivos de megaproyectos nacionales y territoriales.
Por otra parte, es necesario reconocer que en América Latina los movimientos autonómicos conllevan grandes dosis de telurismo, y en esta lógica, debemos constatar que más allá de las evidencias planteadas, existen intereses de carácter estrictamente económico que —socarronamente— laten en el subsuelo del problema autonómico a nivel mundial, y que las autonomías se consolidan como expresiones reaccionarias contra unas democracias nacionales sin principios, sin programas de gobernabilidad, sin poder de decisión ni de ejecución.
*Marco Antezana es empresario privado.
La polémica por autonomías
De tarde en tarde la ya larga polémica en torno a las autonomías se ve enturbiada por anuncios anticonstitucionales de que alguna autoridad departamental convocará a elecciones de subprefectos cuando lo lógico es que sea la nueva constitución quien regule esta posibilidad.
Del mito a su fetichización
No hay mejor ambiente para la entronización de un mito que un público predispuesto a adoptarlo. Sus hacedores lo saben y, puesta en escena mediante, van modelando la fetichización del mismo,
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Jugar con fuego
La economía es una ciencia que se ocupa de la producción y distribución de bienes para satisfacer las necesidades humanas.