La economía es una ciencia que se ocupa de la producción y distribución de bienes para satisfacer las necesidades humanas. Ha habido y hay diferentes tendencias y aún en esta materia entran de moda ciertas corrientes, pero las leyes de la oferta y la demanda, en cualquier sistema, siguen lo establecido invariablemente por la economía clásica de Adam Smith, economista británico del siglo XVIII.
La economía es una ciencia muy sensible y ciertamente no es exacta como las matemáticas. Tanto la macro como la microeconomía, deben ser cuidadosamente consideradas para tomar medidas que alcancen los resultados que se buscan.
Obviamente, todo boliviano que se precie de ser racional quiere que se acabe con la corrupción del pasado, quiere que exista una mejor y más equitativa distribución del ingreso y desea, también, que Bolivia alcance el ansiado clima de estabilidad social que es fundamental para desarrollar la economía.
Como nunca antes, tenemos un gobierno de amplio respaldo popular que asume funciones en un momento económico extraordinaria- mente favorable. Es indudablemente una gran responsabilidad administrar el Estado, pero en las circunstancias actuales esa responsabilidad es todavía mayor, precisamente por esa coyuntura que
tiene que ser aprovechada por el gobierno que debe estar consciente que, especialmente en materia económica, la demagogia no funciona.
Por todo lo expuesto, no conviene precipitar medidas que bien pueden tomarse paulatinamente sobre la base de disponer incrementos resultantes de mayores ingresos fiscales y de mayor productividad. Sólo así serán efectivos y perceptibles para la ciudadanía, sin el peligro que implica tener que recurrir a emisiones inorgánicas de dinero que llevan directamente a la inflación, proceso en el que, como es sabido, los salarios suben por la escalera y los precios por ascensor.
Cuando se disminuyen los salarios altos, por muy buena que sea la intención y la necesidad de imponer austeridad, se crean otro tipo de problemas como la disminución de la demanda, que se agrava en Bolivia por ser un país poco consumista, lo que origina disminución en la producción que lleva necesariamente a un proceso de receso económico perjudicial para toda la población. Por ello, es necesario utilizar pinzas para este tipo de decisiones, así como la de incrementar salarios sin una base absolutamente sustentable.
Otra cosa es suprimir de cuajo todo tipo de abusos y de remuneraciones indebidas, resultantes de privilegios que se fueron incrementando en los años de una mala práctica de la democracia, caracterizada por las alianzas partidarias, conformadas más por intereses políticos que por el bienestar del conjunto de la sociedad. Por ello se explican ciertas reacciones de matices revanchistas, que sin embargo deben ignorarse porque sobre el odio y la venganza nunca es posible construir nada positivo y mucho menos refundar un país como se pretende utilizando como medio la Asamblea Constituyente.
En el caso de incrementar el sueldo mínimo, el sector público debe utilizar recursos provenientes del ahorro por la disminución de salarios altos o de otros ingresos, cuidando de no afectar la inversión pública lo que no es nada fácil. El sector privado, en cambio, se verá más afectado porque el incremento al sueldo básico afecta la antigüedad y los aportes sociales, por lo que se tendrá que recurrir a un incremento de precios que afectarán, a su vez, a la oferta y la demanda y sobre todo a la competitividad, en un momento en el que se discuten aspectos favorables y adversos de los tratados sobre libre comercio.
Como se puede apreciar, hay muchos factores que hay que tener en cuenta para tomar medidas en el campo económico. Nadie puede oponerse a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, especialmente de los de menores ingresos, pero par ello es imprescindible basarse en la solidez del ingreso efectivo y de la producción. Lo contrario, es simplemente jugar con fuego.
*Gastón Solares Ávila es empresario privado, escribe desde Sucre.
La polémica por autonomías
De tarde en tarde la ya larga polémica en torno a las autonomías se ve enturbiada por anuncios anticonstitucionales de que alguna autoridad departamental convocará a elecciones de subprefectos cuando lo lógico es que sea la nueva constitución quien regule esta posibilidad.
Del mito a su fetichización
No hay mejor ambiente para la entronización de un mito que un público predispuesto a adoptarlo. Sus hacedores lo saben y, puesta en escena mediante, van modelando la fetichización del mismo,
Autonomitis
A lo largo de la evolución histórica del concepto de Estado, han surgido una serie de movimientos sociopolíticos que, en más o menos medida,
De la misma vaina, ni un ápice
La atalaya cruceña desde donde escribo estos días, mira hacia un mal llamado Parque de los Niños, donde la grama sepulta a menores de cinco años pugnando por deslizarse en el resbalín o mecerse en los columpios.