Guillermo Fernández Albada, de 56 años de edad, murió ayer tras explotarle un cartucho de dinamita que le habría cercenado parte de la cabeza. Las primeras investigaciones policiales señalan que fue un suicidio.
Según las primeras indagaciones policiales, Fernández habría estado bebiendo alcohol desde hace varios días por lo que, además, se encontraba muy deprimido. En las primeras horas de la madrugada, los vecinos de la zona Nuevos Horizontes de la ciudad de El Alto escucharon la explosión. Según el coronel José Luis Heredia, comandante de la Policía Técnica Judicial de esa ciudad, el hombre habría hecho explotar la dinamita con la mano derecha en su cabeza, por lo que hubo perdida de masa encefálica y también de la muñeca.