Evo Morales, tiene una vida de película, dicho literalmente, es la historia de un niño nacido en el último rincón de la pampa andina que se convierte primero en el más importante líder sindical de su país, luego en el más influyente líder político, para a continuación ser elegido como Presidente de su país.
Hasta ahí, todos podemos estar de acuerdo. Si dentro de cinco años los bolivianos lo despediremos con aplauso cerrado como hemos visto, con sana envidia, el adiós de Ricardo Lagos, es algo que no se puede ver ahora ni en coca. El problema con los actores políticos es que su futuro no está garantizado.
Lo de arriba viene a cuento de una lamida de pies marca mayor que se ha despachado un escritor relativamente conocido en nuestro medio, me refiero a la candidatura que ha presentado Néstor Taboada Terán, para que se le otorgue al presidente de Bolivia el premio Nobel de la Paz.
Independientemente de que considerando que el origen de ese premio tiene que ver con el descubridor de la dinamita, y por tanto, este nuestro país, que tanto de lo bueno y lo malo le debe a ese explosivo, debería tener alguna vez un chance de ser representado en esa fiesta de excelencias, la propuesta es un despropósito por doble sentido.
En primer lugar es difícil imaginar que se pueda otorgar un premio de la paz al jefe de un grupo de sindicatos agrarios que cree que colocar bombas antipersonales caseras es legítimo, me refiero a los cazabobos del Chapare, pero eso es algo que será decidido por las comisiones que reciban la candidatura.
Lo peor, sin embargo, es la falta de tino y de oportunidad que ha demostrado el escritor de marras. Proponer esa candidatura a semanas de haberse inaugurado el nuevo gobierno, es, visto por el lado amable, un llunk’erío extremadamente vergonzoso, pero puede ser algo mucho peor, porque no sólo implica el placer de pegar la lengua a los dedos del pie del poderoso de turno, sino el eventualmente tratar de sacar una ventajita.
En un artículo publicado por el promotor de honores, él confiesa sin rubor que pidió audiencia al Presidente, que éste lo recibió con afecto, y que aunque no había leído su último libro, (algo sobre Toro y Evo), le pidió 4.000 ejemplares. Es difícil de creer la historia, porque don Evo está en plan de austeridad, y además ya no hay gastos reservados.
Consejo de columnista: Señor Presidente, no deje que los llunk’us se le acerquen, las zalamerías hacen un gran daño, los ensalzamientos exagerados son peor que una mezcla intoxicante de alcoholes de mala calidad.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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