La economía va muy bien, la política regular y la gente igualito nomás: sin trabajo y pobre, pero con esperanzas. Así uno puede encapsular la actual coyuntura. En tres pisos diferentes. Comenzando el cuarto mes del año, se puede prever, con cierta razonabilidad, que el 2006 será un buen año desde el punto de vista económico. Los indicadores macroeconómicos de corto plazo son alentadores. Las exportaciones siguen viento en popa y es muy probable y deseable que lleguemos a los tres mil millones de dólares. Las reservas internacionales del Banco Central han sobrepasado los dos mil millones de verdes y existen cerca de otros 800 millones en los bancos privados. Un muy buen colchón por donde se lo vea. La inflación, calculada en 12 meses, se sitúa en torno del tres por ciento. Al mes de febrero teníamos superávit fiscal.
En el 2005, este indicador financiero era de 1,5 por ciento del producto. Todo un récord nacional. El tipo de cambio, el precio de la divisa en el mercado nacional, está estable, aunque en los últimos meses se apreció. En este contexto, el producto nacional podrá situarse en torno del cuatro por ciento, al igual que el año pasado. Gran parte de estas buenas noticias económicas domésticas se explican por el excelente contexto internacional. India y China continúan como locomotoras de la economía mundial. Los precios de los minerales siguen con tendencia alcista. El oro cuesta 590 dólares la onza troy, el estaño está en torno de 3,82 dólares la onza troy al contado, y el zinc a 1,29 la onza troy. Los precios de la soya también registran precios estables.
¿Cuáles son los nubarrones políticos o económicos que podrían afectar este veranillo económico por el que atravesamos?
La pérdida definitiva de mercados externos para la soya puede tener un efecto fatal sobre la economía, especialmente en la región del Oriente boliviano. Otro peligro es el cierre del mercado norteamericano para las manufacturas nacionales que en los últimos años han aumentado significativamente. La suerte de ambos productos está vinculada al tipo de solución que se dé al Tratado de Libre Comercio (TLC) con los gringos o la apertura de nuevos mercados para estos productos.
Otra amenaza es que no se implementen políticas sectoriales o industriales que fomenten los sectores que están en expansión, en concreto, apoyo a la minería y a la industria liviana. Choques positivos externos en los precios de minerales no son permanentes. Tanto en la vida como en los mercados externos, lo que sube, inevitablemente baja. Hay que estar preparado para el periodo de las vacas flacas. Los mineros bolivianos junto con el Estado deberían crear un fondo de estabilización macroeconómico, para enfrentar los ciclos depresivos de la economía mundial, por ejemplo.
Un manejo macroeconómico populista es otro nubarrón que hay que evitar. En los dos primeros meses del año hay un superávit fiscal. Ésta es una tentación para disparar el gasto corriente, especialmente en salarios. Además, cabe recordar que hemos iniciado un intenso ciclo político–electoral rumbo a la Asamblea Constituyente, y la historia muestra que una forma de conseguir más votos es a través de un uso generoso de las arcas nacionales.
Si no hay mayores sobresaltos, la coyuntura macroeconómica está bajo piloto automático internacional. Pero cuidado con el espejismo de esta luna de miel de corto plazo. Desde una perspectiva de mediano y largo plazo hay ciertos eventos que nos deberían preocuparnos. En concreto, estamos hablando de los niveles de inversión tanto del sector público como privado. Ambos indicadores se han reducido en los últimos meses. En el caso de la inversión pública, por falta de ejecución. La inversión extranjera directa se contrajo a la espera de las nuevas reglas de juego legales e institucionales en el país. Especialmente en el sector petrolero. La última empresa que anunció el congelamiento de inversiones fue Petrobras. En el año 2004, las inversiones estuvieron en torno de 400 millones de dólares. El 2005 el valor será menor. Es probable inclusive que la inversión sea negativa, porque muchas empresas están acelerando la depreciación.
La inversión es fundamental para la formación bruta de capital de un país, que constituye la base del crecimiento futuro. Si las inversiones son bajas hoy, el desarrollo no se sustenta en el futuro. Quiere decir que la aceleración de crecimiento que estamos viviendo ahora, debido a un contexto externo muy favorable, no tendrá bases estructurales de sustentación si la tasa
de inversión es baja. Habremos perdido la oportunidad de convertir una aceleración del crecimiento en una tendencia sostenible de generación de riqueza.
En suma, el piso económico de corto plazo de la realidad nacional está muy bien, pero la falta de inversión puede afectar los cimientos del edificio del futuro. Cuidado con los espejismo económicos, la gente está esperando más empleos y menos pobreza.
*Gonzalo Chávez es economista.
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