La muerte de dos niños en atentados con bombas incendiarias contra dos autobuses en Bogotá, atribuidos a la guerrilla de las FARC, causó indignación en Colombia, donde los menores son víctimas cotidianas de agresiones y de la indiferencia estatal.
Bryan Romero, de 11 años, murió el sábado por las quemaduras que sufrió en el 50% del cuerpo, un día después de que falleciera por las mismas causas Daniel Beltrán, un niño de la misma edad.
Ambos resultaron heridos en el autobús atacado el jueves en el populoso barrio Inglés (sur de la capital colombiana), cuando iban a jugar un partido de fútbol.
Mientras, otro vehículo con pasajeros fue quemado minutos después en el oeste de la ciudad.
Un total de 24 personas resultaron heridas en ambos incidentes, incluyendo los dos menores que murieron luego, y tres niños que siguen aún hospitalizados.
Al condenar los atentados, la Alcaldía de Bogotá, encabezada por el socialista Luis Eduardo Garzón, anunció este sábado que denunciará a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ante organismos internacionales de derechos humanos.
Los ataques también fueron duramente repudiados por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, que los consideró atentados “terroristas”, y por el representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Manuel Manrique. Bogotá, AFP