Mirándose en el espejo de Rurrenabaque, la localidad paceña trata de encontrar una vía que le conduzca al desarrollo. Pese a los esfuerzos, la presencia de madereros ilegales no ayuda en la labor.
Óscar Díaz Arnau • Fotos: Pedro Laguna / N. Quinteros
Hace tanto calor que uno tiene que generar un poco de viento moviéndose. Es que de este lado del río ni siquiera vuela una mosca, y ni una moto —de las que abundan en Rurrenabaque— regala al menos un soplido de aire en la cara. Con todo, en medio de esta tranquilidad, resulta increíble que decenas de madereros vivan abocados a la delictiva y creciente actividad de la deforestación.
San Buenaventura, capital de la provincia Iturralde del departamento de La Paz, duerme una eterna siesta, en el olvido. Mientras, el municipio de Rurrenabaque, a sólo 300 metros cruzando el río Beni, crece a pasos agigantados.
Entre el puerto y la plaza del pueblo, uno debe caminar sólo tres cuadras. Por las calles, de tierra, no hay vehículo a la vista. Hay un aserradero a la derecha, otro a mano izquierda y no mucho más.
La amenaza de los madereros
Pese al paisaje vacío y un tanto desolador, San Buenaventura —el verdadero norte de La Paz— es conocido como la ´puerta´ del Parque Nacional Madidi. Sin embargo, sufre un retraso de 10 años y la invasión de los madereros ilegales.
Así lo reconoce su alcalde, Hernani Silva, para quien es primordial la conservación del área protegida, una de las más importantes del planeta por su riqueza de ecosistemas y sus especies de flora y fauna.
´Vemos que nuestra madera sale y que no hay medidas efectivas para controlarlo´, se lamenta. La madera se extrae en toda la provincia, pero principalmente las vías de salida están contactadas con las orillas del río Beni, poco vigiladas. Para Silva, la Superintendencia Forestal y el Servicio Nacional de Áreas Protegidas no realizan una adecuada supervisión de toda la zona. ´Cuando encontramos alguna madera ilegal, la decomisamos y se remata, pero de la recaudación luego no queda nada de plata para el municipio´.
Lento resurgimiento
Con todo, no es la madera lo que está matando a San Buenaventura, sino su prolongado aislamiento, tanto de la ciudad de La Paz —por la falta de ítems, por ejemplo, muchos profesores hacen de directores, maestros y porteros al mismo tiempo— como de su vecina Rurrenabaque, que capta la mayor parte de los 35.000 visitantes que recibe la zona cada año.
Así, mientras San Buenaventura cuenta con esa maravilla natural que es el Madidi, Rurrenabaque ofrece casi toda la infraestructura, con alrededor de 30 hoteles, y una variedad de servicios envidiables, contando además con aeropuerto.
Con todo, algunos detalles advierten que ya comienza el resurgir de San Buenaventura. Se han abierto dos hoteles de cuatro estrellas. Ya durante las últimas décadas, de la mano de la cooperación internacional, han surgido con fuerza empresas comunitarias dentro de las áreas protegidas.
Es el caso, por ejemplo, de albergues ecológicos como los famosos de Chalalán y San Miguel del Bala.
Muy cerca del pueblo, mientras tanto, se encuentra el ´canopy zip-line tour´, un cable de 220 metros, a 70 de altura, que conecta un árbol con otro y por el que uno se desliza en medio de la espesa vegetación.
Proyectos en ciernes
Pese al resurgimiento, todavía no se entiende cómo no se ha implementado un gran puente vehicular y peatonal entre San Buenaventura y Rurrenabaque, dado que el 60 por ciento de los visitantes de esta última población cruza al interior del Parque Nacional Madidi. Para su construcción, sería necesaria una alianza estratégica entre las prefecturas de La Paz, Beni y Pando, tomando en cuenta que esta idea formaría parte de la proyectada carretera que debe unir los tres departamentos en un plazo aún sin determinar. Sin embargo, para algunos lugareños, una obra de semejante magnitud opacaría la vista panorámica desde ambos puertos.
Actualmente, sólo se puede cruzar de un extremo al otro en catraya, rudimentaria embarcación que emplea un motor fuera de borda.
Entre los proyectos a largo plazo también se planifica un nuevo circuito que abarque Ixiamas, San Buenaventura, Rurrenabaque, Reyes y Santa Rosa, para lo que se cuenta con el apoyo de la cooperación suiza, que trata de aglutinar a los municipios turísticos del país.
Otra iniciativa interesante, que se encuentra ya en estudio en el Ministerio de Desarrollo Económico, sugiere la construcción de ´viviendas productivas´. De concretarse, los dueños de esas casas alojarían a los turistas mostrándoles un modo de vida más rústico.
Y la industria tampoco ha sido dejada de lado en los planes a futuro. Así, una de las esperanzas de desarrollo de los habitantes del pueblo está en la reactivación de un antiguo proyecto de ingenio azucarero a 15 kilómetros del núcleo urbano. Al respecto, según el Alcalde, la embajada brasileña tiene interés en apoyar la iniciativa.
De cualquier manera, por el momento, San Buenaventura no ha dejado de ser la localidad ´al otro lado del río´, y hasta para abastecerse sus habitantes tienen que cruzar a Rurrenabaque, donde está, como recuerda una vecina, ´el movimiento económico´, pues las provisiones llegan por los Yungas.
Es una más de las contradicciones entre las que se debate San Buenaventura, un pueblo paceño pero donde todo el mundo habla con la inconfundible tonadilla camba.
De los 35.000 turistas que recibe la zona cada año, son muy pocos los que dejan su plata en San Buenaventura