“La sonrisa de un niño se apaga por situaciones extremas” Guido Cornale, representante de Unicef en Bolivia, advierte sobre las brechas y la exclusión de los niños.
El representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Guido Cornale, da una mirada a la situación de los niños en el país, aunque prefiere no hacerlo sólo por el Día del Niño. él espera que se escuche a los niños y se piense en ellos a la hora de hacer una política pública. Al mediodía del lunes pasó revista a varios logros e identificó algunos tropiezos, pero manifestó su esperanza por el futuro. También pergeñó un perfil del niño boliviano: amante de su país.
¿Cómo encuentra a la niñez boliviana este Día del Niño?
Hay temas generales relacionados con la niñez y otros que preocupan en Bolivia. En este último caso se traduce en exclusión social e invisibilidad de muchos niños, especialmente los que viven en el área rural, los indígenas y los de las zonas urbano marginales, quienes son excluidos de los servicios sociales. Además los niños de las poblaciones migrantes y los que trabajan.
¿Se puede decir que hay niños de primera y de segunda?
Yo diría que hay de tercera y de cuarta. Hay niños en Bolivia que me recordaron a mis años de trabajo en campos de refugiados en Somalia. También hay un problema de disparidades y brechas que se ocultan en los promedios nacionales. Este juego de números ocurre en la región. Se dice que América Latina está en mejores condiciones que áfrica o Asia del Sur, pero si vemos la situación de las poblaciones indígenas y afrodescendientes, de América del Sur y del Caribe, nos damos cuenta que tenemos pequeñas áfricas en estos enclaves.
Siempre se pone a Bolivia a la zaga. ¿Este es un problema regional, cómo se explica?
Yo diría que América Latina es la región del mundo con las más grandes disparidades, digamos que la brecha entre ricos y pobres de la región es la más grande del mundo. Me da rabia cuando en foros internacionales se excluye a los países de la región para que se beneficien de la ayuda internacional o sean lugares donde se deba hacer acciones prioritarias, porque se apela a los promedios sin tomar en cuenta la mortalidad materna en el norte de Potosí ni las condiciones de vida. No es cuestión de números absolutos, es cuestión de respeto a los derechos humanos de quienes viven detrás del cerro.
¿Falta voluntad de los gobiernos para ver esos enclaves?
En este momento en Bolivia hay un gobierno que plantea la inclusión, la equidad y la justicia social, tendría que moverse en esa dirección. Nos deja esperanzados para que quienes estuvieron invisibles y excluidos, sin acceso a servicios básicos, sin salud ni educación, sean atendidos.
¿Dónde entra el tema cultural?
El respeto cultural es fundamental. Hay que respetar las culturas originarias. Luego, se debe dar un servicio cálido y de calidad. Un ejemplo es la placenta. Es tradición devolverla a la madre que ha tenido el hijo para que la pueda enterrar con un ritual tradicional, eso no va contra ninguna práctica médica, ni tiene contraindicación científica.
¿Cómo se puede enfocar esas políticas para los niños?
Será importante rescatar la recomendación del Comité de los Derechos del Niño para Bolivia: preparar un plan decenal para su niñez y adolescencia. Tendría que ser una estrategia a largo plazo que incluya a los objetivos del milenio como su visión porque tienen que ver con los niños.
Parece que no se hizo mucho por los niños. ¿Qué logró Unicef en más de 50 años?
Sólo mirando los indicadores de los últimos 20 años el país avanzó bastante, el problema es que el ritmo no fue el suficiente para pasar en el ranking de la región.
¿Lo más destacable?
En 1983 Bolivia era un país que tenía el 63% de prevalencia de bocio en escolares, hoy en día la tasa de bocio en escolares no es medible y el 91% de la población boliviana consume sal yodada. El otro logro importante es que la población, no sólo los niños, asumió sus derechos.
¿Y cuáles fueron los obstáculos para avanzar?
Parece que pasamos la página de la inestabilidad política. Pero hay que ver la potencialidad. Los tropiezos fueron un desarrollo desordenado y por eso es necesario tener una visión clara que puede plasmar la Constituyente.
Todo va a la Constituyente.
Según la Constitución vigente, los niños se vuelven ciudadanos cuando ya no son niños, a los 18 años. El niño tiene que ser sujeto de derecho desde su nacimiento. El Estado debe tener una organización donde los derechos de los niños deben ser asumidos, protegidos e implementados.
¿Eso no sucede?
Cuántos cambios hemos visto. El tema pasó de un viceministerio a otro, finalmente la niñez sigue siendo huérfana del Poder Ejecutivo.
¿Se usa a los niños como pretexto para estas instancias?
No creo. En los ministerios de Salud y Educación se da prioridad a la niñez. Hay áreas débiles como la protección, tal vez porque son difíciles de encarar. Se debe crear una cultura de respeto al niño. Se debe identificar y recuperar al sujeto de las políticas públicas.
En estas áreas débiles está la violencia, ¿cómo se la evita?
Hay respuestas como las defensorías que son una etapa posterior, pero hay una etapa anterior en la que se debe prevenir. Tiene que ver con la cultura y los cambios de comportamiento. Esto tiene que ver con el mejoramiento de las condiciones de vida. Como mueren los niños pequeños entonces no tienen valor. Para quererlo se espera que crezcan. Hay culturas en las que se espera más de un año para darle un nombre una vez que supera las amenazas de muerte.
¿Es posible esbozar un perfil del niño y la niña boliviana?
Después de haber compartido tanto, es posible decir que el niño boliviano es optimista, tiene optimismo y esperanza. Se puede creer que esa es una característica común, pero hay muchos países en los que el optimismo se fue de la niñez. La sonrisa de los niños se apaga en situaciones extremas y creo que en Bolivia los niños crecen con optimismo y que miran a su país con mucho cariño y compromiso para mejorar la situación. No ven las divisiones regionales, participan por igual y son muy incluyentes, son respetuosos del otro y de la diferencia.
Pasa de un viceministerio a otro; finalmente, la niñez en Bolivia sigue siendo huérfana del Poder Ejecutivo y del Estado