La muerte de compatriotas, uno de ellos un niño de 14 años llamado Vladimir, en un taller clandestino de Buenos Aires, es un recordatorio de que estamos aún en el capitalismo salvaje que describieron Marx y Zola. El mismo expulsa por el desempleo y la frustración a 300 personas al día. Viru Viru es hoy como los “docks” de Dublín, donde las familias irlandesas se rompían a causa del éxodo a Estados Unidos.
Como Irlanda, Bolivia habría “exportado” más de un millón de compatriotas. Sin migración, Bolivia contaría hoy con una población de 13 millones de habitantes (30% de la población, la diáspora relativa más grande de América Latina), especialmente en Argentina, Brasil, Estados Unidos, España y Suecia. Según el BID, la Diáspora Boliviana aporta al país US$ 1.000 millones en remesas, más que la exportación de gas.
Marcelo Quiroga apuntó que con el éxodo, perdemos casi toda la “materia gris”; intelectuales, cuadros altos y medios y mano de obra calificada. El país pierde inversión, ahorro interno, capacidad de producción y de consumo dejando al mercado interno como un eterno enano anémico. Mientras que los bolivianos trabajan 14 horas al día en los talleres de Buenos Aires, Sao Paulo, o Madrid, el país pierde mano de obra agrícola, valiosa al poblar los campos y proveer la base de los alimentos del país. O por lo menos los poblaba. En la comunidad de Vladimir, a orillas del Titikaka, quedan sólo mujeres y ancianos, replicando la destrucción de familias que pronto serán pueblos fantasmas a lo Pedro Páramo.
Bolivia no cuenta con el equivalente del programa ´Paisano´ por el cual México, tiene una política de Estado (depende del Instituto Nacional de Migración). Apoya a su diáspora en el exterior y con una red de seguridad desde el momento en que vuelve al país. El gobierno del MAS, parece haber entendido que nuestra Diáspora está desvalida. Faltan consulados y embajadas equipadas para atender a los ciudadanos. Por ello, la estimación de que en el Gran Buenos Aires existen un millón de bolivianos, siendo la tercera ciudad boliviana, muestra la altura del desafío.
Una foto de The Economist (edición de abril 1º, p. 25) ilustra el movimiento en los Estados Unidos por la regularización de los inmigrantes. Junto a las banderas de las estrellas y la mexicana, flota la nuestra, mientras manifestantes muestran pancartas que dicen ´USA es un país hecho por inmigrantes, ¡y punto!´. El capitalismo salvaje de los países latinoamericanos ha causado el éxodo en la región. Mientras Bolivia exportaba mano de obra hacia Argentina, los mismos argentinos decidían a su vez emigrar a Europa, huyendo de lo que fue una próspera nación construida por inmigrantes.
¿Qué hacer? Urge un ´Plan Llajtamasi´, equivalente al programa ´Paisano´ de México, el que debe contemplar en su forma básica:
1. Censar, ´carnetizar´ y otorgar pasaportes a todos los bolivianos.
2. Otorgar el derecho al voto mediante reforma a las leyes.
3. Dar ventajas fiscales y legales a los bolivianos que decidan reinvertir parte de sus ahorros en Bolivia.
4. Brindar asesoría legal y económica. El costo de regularizarse es de 460 pesos argentinos (1.000 bolivianos), los que permiten a los compatriotas no caer en la trampa de los capitalistas salvajes, muchos de ellos tratantes de esclavos.
5. Controlar en Bolivia a todos los traficantes de personas. En especial controlar de manera draconiana los viajes de niños.
Los compatriotas deben autogestionarse. En Buenos Aires, por una prenda que vale 100 pesos, el trabajador boliviano percibe 1 peso (de nuevo Zola y Marx). Los residentes deben trascender los ámbitos de fiestas y concentrarse más en la parte económica, social y política acercándose más a las embajadas e instituciones del Estado. Algún día un Banco Boliviano se abrirá en Buenos Aires, Madrid y Sao Paulo para captar las remesas, otorgar créditos y evitar que al menos 10% de ellas se quede en intermediarios. Con suerte volverán al país en una línea bandera.
Finalmente, atacar la raíz del éxodo supone crear miles de empleos dignos en Bolivia. Un reportaje del diario argentino La Nación, demostró que la cadena de explotación empieza en los talleres ´informales´ de El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. Es allí donde se ´recluta´ a cambio de unos ´pesitos´. La renta del gas, bien invertida (creación de empleos sustentables) podría marcar la diferencia en que seamos la ´Irlanda del siglo XXI´ en Sudamérica o busquemos ser la Irlanda de hoy, un país desarrollado.
*Christian Inchauste S. es economista.
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