En estos días recogidos de la Semana Santa, cuando uno tiene oportunidad de estar a solas, o acompañado en las ceremonias religiosas celebradas con unción y solemnidad y, en algún momento de paréntesis se asoma al fárrago de lo que pasa en el país y en el mundo, siente un shock que no sé si es de desaliento o de recarga energética. Si de desaliento o es rendición. Si es de recarga, uno vuelve con renovada voluntad de hacer lo mejor que pueda a favor de este país.
La realidad es que vivimos en un país y en un mundo contradictorio y maleado, a pesar de la gente buena que es mucha, aunque se hace notar menos que los ruines y malvados. Alguien tan buen conocedor de la naturaleza humana y de la sociedad que habita el planeta, me refiero al anterior pontífice Juan Pablo II, en la homilía que no llegó a pronunciar el Domingo de Pascua del año pasado, afirmaba: ´A la humanidad que a veces parece desorientada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado ofrece como regalo su amor que perdona, reconcilia y abre el ánimo a la esperanza; es el amor que convierte a los corazones y que da la paz´. A Él tenemos necesidad de recurrir.
Un segundo tema de innegable interés es el descubrimiento de un supuesto ´evangelio de Judas´ y que los grandes expertos de la comunicación, con gran visión del mercadeo, han divulgado, justamente en los días previos a la Semana Santa. Allí se quiere demostrar que Judas no traicionó a Jesús, sino que fue un enviado por Dios para conducir a Jesús a la muerte a fin de despojar su naturaleza divina del cuerpo mortal en que se había encarnado para darse a conocer al mundo. Pura invención. Y pingüe inversión para el novelista que lo ponga de moda para los propensos a tragarse cualquier paparrucha mitológica, pero incapaces de documentarse con seriedad sobre la fe que dicen profesar.
Esta circunstancia ofrece al actual Papa la oportunidad para reforzar en mensaje de amor, que Juan Pablo II no alcanzó a leer porque Dios se lo llevó poco antes. Benedicto XVI se preguntaba en su homilía del pasado Jueves Santo: ´¿Qué es lo que hace inmundo al hombre?´ Y respondía que lo que le hace sucio es el rechazo del amor, el no querer ser amado (por Dios) y el de no amar (a Dios). Y descendiendo al caso de Judas, prosiguió el Papa: ´es la soberbia de creer que (el hombre) no necesita purificación, el cerrarse a la voluntad salvadora de Dios. Es la soberbia´. Y aún cuando el Papa no hizo mención del llamado ´evangelio de Judas´, sí que dio una explicación que venía al caso. ´En Judas vemos ese hecho con más claridad. Valora a Jesús según las categorías del poder y del éxito. Para él, sólo el poder y el éxito son realidad, el amor no cuenta. Tiene avidez de dinero, que es más importante que Dios y su amor´.
Pues sí, como decía más arriba, hay que apuntarse a la recarga de energías del espíritu, sea por un deber cívico que bien se necesita en estros tiempos de inseguridad; y con la esperanza cristiana reforzada por la fe en el Cristo resucitado y glorioso que nos fortalece y nos guía por el buen camino, habrá que recurrir —y vale repetirlo— ´al amor que perdona, reconcilia y abre el ánimo a la esperanza que convierte los corazones y que da la paz´.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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