Es sabido que la prioridad de los bolivianos es el empleo. Todos sueñan con un trabajo digno y duradero. A la mayoría de las personas les gustaría bajarse de la montaña rusa que significa vivir en el sector informal, donde sobreviven con ingresos muy miserables y con elevados grados de incertidumbre. Alrededor del 63 por ciento de la población ocupada en las ciudades tiene un empleo informal y ganan la mitad de ingresos de aquellos que trabajan en el sector formal. Es conocido también que en torno de 120 mil jóvenes entran al mercado laboral todos los años y sólo un 30 por ciento consigue laburo. El resto a aplanar calles. Dramático. La agenda de políticas públicas en Bolivia ha colocado en segundo plano el tema del empleo. Nuestros noticieros, periódicos y debates están concentrados en temas como la Constituyente, la nacionalización, las autonomías y largo etcétera. ¿ Y la creación de empleos? El día de huiro. Cuando se haga la revolución. Cuando recuperemos la soberanía. Cuando desmontemos el modelo neoliberal.
Mientras tanto, la tasa de desempleo en Bolivia es del 9 por ciento. Cifra muy cuestionable porque mucha de la gente que dice estar trabajando, cuando responde a las encuestas del INE, en realidad tiene una estrategia de sobrevivencia antes que una pega decente. Vive en el subempleo. Los más afectados por desempleo son los jóvenes, el 17 por ciento de aquellos que tienen menos de 25 años no trabaja. Por eso no es de extrañar que sea este grupo etario el que ha llegado a la conclusión de que la única salida para la crisis actual es un aeropuerto.
Parten rumbo a España o a otros países vecinos dispuestos a aceptar condiciones laborales que en algunos casos están al borde del esclavismo. Los datos que mencionamos reflejan básicamente la situación urbana del país. ¿Por qué esta cruda realidad del empleo no se convierte en una obsesión nacional? No lo sé. ¿Qué se ha hecho últimamente en esta materia? De parte del Gobierno, en un ataque de creatividad, se decidió rebautizar al Plane, con un nombre más sexy y revolucionario: Propais. En los hechos, es el viejo empleo de emergencia que en el pasado muchas de nuestras actuales autoridades criticaban, con razón, por su precariedad.
El plan de desarrollo del Gobierno, que incluiría políticas de empleo de largo plazo, que se hace esperar más que novia de pueblo. Ojalá que la espera sea compensada con acciones concretas y no declaraciones líricas.
La semana que termina el INE, UDAPE, IBCE y la Caneb presentaron un interesante estudio, El Empleo Exportador en Bolivia, que ciertamente es un excelente insumo para las políticas de empleo o de apoyo a la industria del futuro. El trabajo analiza el impacto que tiene el mercado externo en la creación de empleos.
Primera conclusión es que el boom de exportaciones que vivimos en los últimos tres años no genera mucho trabajo directo, según el estudio en torno de 42. 298 puestos. El empleo indirecto generado es de 328 mil. Tomados los 2.500 millones de dólares que exportamos en el 2005, esto significa que debemos vender cerca de 60 millones de verdes a fuera para crear una fuente de trabajo directa o debemos exportar en torno de 7 millones de dólares para crear un empleo indirecto. Estos valores surgen de la división entre el total exportado y el número de empleos creados. Pero desagreguemos estas cifras para ser más precisos. Veamos las exportaciones de minerales y manufacturas considerando el total del empleo creado. En el primer caso, se necesita vender 30 millones de dólares en minerales para crear una fuente de trabajo y en el segundo caso, se requieren sólo 7 mil dólares para generar un empleo. Desde la perspectiva de la creación de empleos es un pésimo negocio exportar recursos naturales y una excelente idea vender bienes con valor agregado. Visto de otra manera, la exportación de minerales o hidrocarburos es intensiva en capital, en cuanto, las manufacturas son intensivas en mano de obra. Ésta es una constatación empírica vieja que ha sido vista desde diferentes marcos teóricos. Desde Raúl Prebish en los años 50, con la teoría del deterioro de los términos de intercambio, hasta Dani Rodrik, en la actualidad, que sostiene que la calidad de las exportaciones (bienes de alta productividad) es central para establecer la senda y la sostenibilidad del crecimiento.
Hay que insistir machaconamente que la mejor política social es el empleo, sea basado en el mercado interno o externo. En los últimos cuatro años, Bolivia ha comenzado a exportar productos manufacturados, especialmente desde la ciudad de El Alto. Joyas, muebles de madera, textiles y otros, que implican un cambio cualitativo en la composición de nuestras exportaciones. Esta incipiente industria que surgió debe ser preservada. Está en formación una estructura productiva que en futuro puede ser vital para la economía boliviana, especialmente si se piensa en la generación empleo. El estudio mencionado ratifica que el sector de manufacturas que exporta es un gran generador de empleo, aproximadamente 11 mil al año.
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