Los crudos resultados del estudio realizado por encargo del periódico La Razón, publicados el domingo 9 de abril, nos muestran la terrible realidad en que vive Bolivia, donde más del 50 por ciento de sus ciudadanos quisiera abandonar el país porque, al parecer, piensa que en Bolivia no hay futuro, ni para ellos ni para sus hijos.
Desde el punto de vista profesional, para mí, estos resultados tienen básicamente una sola explicación y ésta es: la falta de un serio plan de reactivación económica, que permita sacar a Bolivia de la pobreza y ofrecer mejores días a sus ciudadanos. En otras palabras, contar con un conjunto de estrategias, objetivos claros, utilización de medios y la concreción de metas, que permitan a la economía del país crecer, mejorar sus ingresos y generar mayores empleos para sus habitantes.
Pero, como en la economía no hay secretos, el plan que los bolivianos debemos trazar, necesariamente, debe pasar por algo que ya todos sabemos y esto es, la explotación de nuestros recursos renovables y no renovables, que es la única vía que le permitirá a la economía del país crecer y generar empleos a pasos agigantados; de otra manera, al ritmo que ésta ha venido creciendo en los últimos años, se necesitará más de un siglo y medio para lograr los niveles de desarrollo a los que ha llegado Chile, para citar tan sólo un ejemplo.
En otras palabras, el plan de reactivación que los bolivianos debemos poner en práctica, debe necesariamente pasar por la explotación de nuestra inmensa riqueza gasífera, capaz de exportar este recurso energético a los EEUU, México, los países limítrofes e incre- mentar la actual exportación al Brasil durante muchísimos años, sin que esto ni siquiera afecte el pequeño consumo interno de gas natural que requerimos los bolivianos.
Debe también pasar por la explotación de los importantes depósitos de hierro del Mutún, aprovechando la gran demanda de los países asiáticos por este importante recurso natural y la importante alza de los precios internacionales.
Asimismo, debe pasar por la explotación de nuestra inmensa riqueza de minerales no ferrosos, abandonada desde hace 20 años y que, actualmente, se encuentra sujeta al irracional ´juqueo´ que, como se sabe, no hace otra cosa que devaluar la calidad de los grandes depósitos minerales. Si hiciéramos todo esto, Bolivia fácilmente podría mejorar sus exportaciones hasta en $ 10.000 millones anuales en gas y minerales ferrosos y no ferrosos, con los que, sin duda, sistemáticamente podríamos atacar el problema de la pobreza y el desempleo en la economía de Bolivia.
Sin embargo, parece que los bolivianos nunca podemos ponernos de acuerdo y, a causa de esto, preferimos seguir sumidos en la pobreza y la desesperación. Por otro lado, cada vez, estamos convencidos de que la explotación de estos recursos se da por ´generación espontánea´, subestimando la inmensa necesidad que tiene Bolivia por inversión extranjera y la importación de nueva tecnología. No nos damos cuenta de que en Bolivia no contamos con los suficientes ahorros para invertir en estos megaproyectos y permanentemente vivimos aterrorizados de las supuestas maldades de la inversión extranjera, insistentemente pregonada por todos los políticos.
Creo que los bolivianos, de una vez por todas, debemos ponernos de acuerdo sobre lo que le conviene o no le conviene al país. Tenemos que darnos cuenta de nuestras limitaciones de ahorro e inversión. Creo que no es justo que le temamos a la inversión y, si en verdad le tememos, demostremos que somos capaces de controlarla pues, si no lo sabemos hacer, de qué nos sirve seguir llorando y quejándonos de cuán maltratados somos por ésta.
Por último, si preferimos no explotar nuestros recursos no renovables, podemos hacerlo con los recursos renovables y para eso está, por ejemplo, el turismo y la maravillosa escenografía del país. No olvidemos que Europa salió de la posguerra gracias al turismo. Bolivia, con sus inmensos parques nacionales, el Pantanal, la Amazonia, sus montañas y sus bellos salares, sí puede hacerlo. Sin embargo, otra vez, al igual que en el caso de los recursos no renovables, obviamente, aquí también se requiere de inversión extranjera, por lo cual Bolivia debe concurrir a los mercados internacionales, donde habrá de competir, ofreciendo seguridad jurídica, incentivos y, sobre todo, impuestos razonables, los que no podemos esperar que sean pagados por los inversionistas, cuando los propios bolivianos nos ocultamos detrás de los regímenes especiales para no hacerlo.
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