Los inmigrantes ilegales de las ex repúblicas soviéticas más pobres y aisladas son los nuevos esclavos de Rusia, donde viven y trabajan en unas condiciones inhumanas. Ellos son la clave del "boom" económico de Moscú.
"Mis hijos también serán esclavos", afirma Kurban Kalambarov, un obrero de 40 años que, como miles de trabajadores, cambió en 2005 su Tayikistán natal por Moscú, para trabajar, ganar dinero y enviarlo a su familia.
Kalambarov creyó en el llamamiento del presidente ruso, Vladimir Putin, en demanda de inmigrantes ante la falta de mano de obra y una disminución del crecimiento de la población.
Sin embargo, la realidad que descubrió a su llegada a la capital rusa fue muy diferente.
Los empresarios confiscan los documentos de los inmigrantes y no les pagan los sueldos, mientras que agentes policiales corruptos rechazan sus solicitudes de registrarse si no reciben los sobornos que se esperan, contaron a la AFP numerosos trabajadores inmigrantes en Moscú.
La Unicef publicó en marzo un informe en el que estima que alrededor de un millón de inmigrantes constituyen en Rusia "un grupo de riesgo, cuya situación está próxima a la esclavitud".
Miles de extranjeros viven en Moscú en contenedores de metal instalados en las propias obras donde trabajan o en mercados. No se lamentan por temor a perder trabajo y cobijo a la vez.
Los representantes sindicales afirman que "muchos" de esos trabajadores mueren en las obras o resultan gravemente heridos, sin que se sepan sus nombres y mucho menos haya un balance que dé cuenta de los accidentes laborales que sufrieron.
Según Anna Ruptsova, investigadora de la Oficina de las Migraciones Internacionales (OMI), 500.000 inmigrantes entran legalmente en Rusia cada año para trabajar como obreros en el sector de la construcción.
Sin embargo, Ruptsova afirma que son tres millones los trabajadores que tras entrar en el país, no registran su presencia ante las autoridades rusas. Moscú, AFP