En conversación con el director de Le Monde Diplomatique, el líder cubano habla sobre su revolución. Escape publica hoy un extracto de lo que pronto será un libro.
Ignacio Ramonet para El País de Madrid y La Razón Fotos: Archivo AFP y Reuters
Fidel Castro, que tantos discursos pronuncia siempre, ha concedido pocas entrevistas, y sólo se han publicado cuatro conversaciones largas con él a lo largo de 50 años. La quinta, mantenida con el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, se ha convertido en el libro Fidel Castro, biografía a dos voces que está a punto de publicarse, resumen de la vida y el pensamiento del Jefe de Estado de Cuba en cien horas de conversación. La primera se inició a finales de enero de 2003, y la última, en diciembre de 2005. En estas páginas se publica un extracto de la entrevista acerca de la sucesión de este cubano de 79 años. Al respecto, el comandante dice que seguirá ´mientras lo decida la Asamblea Nacional en nombre del pueblo´.
¿El 23 de junio de 2001 sufrió un desmayo durante un discurso público, y el 20 de octubre de 2004 tuvo una caída, también en público, que le causó la fractura de una rodilla. ¿Cómo se ha repuesto usted de esos dos percances físicos?
Mire, como siempre, se ha especulado mucho con eso. Es cierto que, aquel 23 de junio de 2001, en un barrio de La Habana, en El Cotorro, bajo un calor intenso y durante un discurso que duró más de tres horas conocí una ligera pérdida de conciencia. Algo muy venial. Fue un desvanecimiento ligero de apenas unos minutos, debido al calor y al sol excesivos. Unas horas después, los que allá, en Miami, ya lo estaban celebrando, se llevaron la sorpresa al verme reaparecer en un programa televisivo donde pude darle al pueblo, directamente, la versión auténtica de lo sucedido. (...)
¿Y su caída en Santa Clara?
Al finalizar un discurso en Santa Clara, fui afectado por una caída accidental. Algunas agencias divulgaron varias versiones sobre las causas. Yo, como protagonista, le puedo explicar todo lo ocurrido.
Había concluido mi discurso alrededor de las diez de la noche, iba a sentarme en la silla que me habían asignado antes de que llegara mi turno en la tribuna y caminaba sobre el pavimento de granito a la vez que saludaba a los invitados.
Cuando llegué al área de concreto, a unos veinte metros de la primera hilera de sillas, no me percaté de que había una acera relativamente alta entre el pavimento y la multitud. Mi pie izquierdo pisó en el vacío, por la diferencia de altura. El impulso y la ley de gravedad, descubierta hace tiempo por Newton, hicieron que, al dar el paso en falso, me precipitara hacia adelante hasta caer, en fracción de segundos, sobre el pavimento. Por puro instinto, mis brazos se adelantaron para amortiguar el golpe; de lo contrario, mi rostro y mi cabeza habrían chocado contra el piso. (...)
Alrededor de las once de la noche, tendido sobre una camilla, me trasladaron en ambulancia a la capital. Algunos analgésicos, en cierto modo, aliviaron mis dolores. (...)
La operación duró tres horas quince minutos. Los ortopédicos se dedicaron a reunir y ubicar cada uno de los fragmentos en los sitios que les correspondían a cada uno de ellos y, como tejedores, proceder a unirlos, cosiéndolos con un fino hilo de acero inoxidable.
Pedí a los médicos que no me aplicaran sedantes, y usaron anestesia por vía raquídea, que adormece la parte inferior del cuerpo y mantiene intacto el resto del organismo. Dadas las circunstancias, era necesario evitar la anestesia general para estar en condiciones de atender asuntos importantes. (...)
Yo quisiera, a este respecto, abordar el tema del porvenir. ¿Ha pensado en algún momento en retirarse?
Mire, sabemos que el tiempo pasa y que las energías humanas se agotan. Pero le voy a decir lo mismo que les dije a los compañeros de la Asamblea Nacional el 6 de marzo de 2003, cuando me reeligieron presidente del Consejo de Estado. Les dije: ´Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida´. Y les prometí estar con ellos, si así lo deseaban, el tiempo que fuera necesario mientras tuviera conciencia de poder ser útil. Ni un minuto menos, ni un segundo más.
La CIA ha anunciado, en noviembre de 2005, que padece la enfermedad de Parkinson. ¿Qué comentario le inspira esa información?
Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso, me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo: asesinarme. Si yo fuera un vanidoso, podría estar incluso orgulloso de que esos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera. Todos los días inventan algo, que si Castro tiene esto, que si tiene lo otro, si tal o más cual enfermedad. Lo último que inventaron es que tengo Parkinson. Dice la CIA que descubrió que yo tenía Parkinson. Bueno, no importa si me da Parkinson. Juan Pablo II tenía Parkinson y estuvo un montón de años recorriendo el mundo. (...)
Usted va casi siempre armado, y como consecuencia de su caída perdería, me imagino, el uso de su brazo derecho y la posibilidad de usar su arma. ¿Le preocupó eso?
(...) Dispongo de una Browning de 15 tiros. He disparado mucho en mi vida. Siempre he tenido buena puntería, fue una suerte, y la he conservado. En cualquier circunstancia, no temo al enemigo. Lo primero que quise ver fue si mi brazo tenía fuerza para manejar esa arma que yo siempre usé. Ésa está al lado de uno. Moví el peine, la cargué, le puse el seguro, se lo quité, le saqué el peine, le saqué la bala, y dije: ´Tranquilo´. Fue al día siguiente.
En varios de sus discursos y entrevistas, ha evocado la cuestión de su eventual sucesión, de lo que ocurrirá en Cuba el día que no dirija este país. ¿Cómo ve el porvenir de Cuba sin Fidel Castro?
Bien, voy a tratar de ser breve sobre eso. Ya le conté los planes de eliminación física. Al principio, mi papel era más decisivo porque había que librar una batalla de ideas muy importante, había que persuadir mucho. Le dije que había prejuicios y que las leyes revolucionarias los fueron transformando. Había prejuicios raciales, prejuicios antisocialistas, todo el veneno sembrado durante mucho tiempo.
¿Ha pensado ya en la sucesión?
Bueno, mire, al principio, con todos esos planes de atentados, yo tenía un papel decisivo, papel decisivo que no tengo hoy. Hoy tengo, tal vez, más autoridad y más confianza de la población que nunca.
Nosotros, ya se lo dije, estudiamos todos los estados de la opinión pública. Seguimos con un microscopio los estados de opinión. Y le podemos decir los estados de opinión en la capital, por ejemplo, y en el resto del país, y le puedo presentar todas las opiniones. Aunque sean adversas. La inmensa mayoría nos son favorables.
El nivel de autoridad, tras 46 años de lucha y experiencia, es más alto de lo que era. Es muy alta la autoridad de aquellos que luchamos y que hicimos la guerra, condujimos al derrocamiento de la tiranía y a la independencia de este país. (...)
Si usted, por cualquier circunstancia, desapareciera de escena, ¿Raúl sería su sustituto indiscutible?
Si a mí me pasa algo mañana, con toda seguridad que se reúne la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. Se reúne el buró político y lo eligen.
Pero ya él me va alcanzando en años, van llegando, ya es problema más bien generacional. Ha sido una suerte que los que hicieron la revolución hayan tenido tres generaciones. También los que nos precedieron, los antiguos militantes y dirigentes del Partido Socialista Popular, que era el partido marxista-leninista, y con nosotros vino una nueva generación. Ya después, la que viene detrás de nosotros, e inmediatamente después, las de la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos, la lucha contra el bloqueo, la lucha contra el terrorismo, la lucha en Girón, los que vivieron la crisis de octubre, las misiones internacionalistas... Mucha gente con muchos méritos. (...)
Es decir, usted es de la opinión de que su verdadero sustituto, más allá de una persona, más allá de Raúl, sería más bien una generación, la generación actual...
Sí, ya son unas generaciones las que sustituirán a otras. Tengo confianza, lo he dicho siempre, pero somos conscientes de que son muchos los riesgos que pueden amenazar el proceso revolucionario. (...)
¿Usted opina entonces que esta revolución no está aún agotada?
No hemos terminado ni mucho menos. Vivimos en la mejor época de la historia, la de más esperanza.
Es cierto, es correcto, yo estaría dispuesto a aceptar la crítica de que cometimos algunos errores de idealismo, quizá quisimos ir demasiado rápido, quizá subestimamos fuerzas, el peso de los hábitos y eso. Pero ningún país se ha enfrentado a ningún adversario tan poderoso, tan rico, a su maquinaria de publicidad, a su bloqueo, a una desintegración de nuestro punto de apoyo. Desapareció la URSS y nos quedamos solos, y no vacilamos. (...)
Veo que no está preocupado por el porvenir de la Revolución Cubana; sin embargo, ha sido usted testigo en estos últimos años del derrumbe de la Unión Soviética, del derrumbe de Yugoslavia o del proceso de China, donde la revolución ha tomado un cariz diferente. ¿No le angustia pensar en todo eso?
Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, la URSS, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. Una de las potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que logró aplastar al fascismo, se derrumbó. Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos. Pero no quiero teorizar. (...)
¿Y el proceso revolucionario, en Cuba, podría un día derrumbarse?
¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Yo me he hecho a menudo estas preguntas. Y mire lo que le digo: los yanquis no pueden destruir este proceso revolucionario, porque tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia, que jamás permitiría que este país vuelva a ser colonia de ellos.
Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse. Nosotros sí, podemos destruirla, y sería culpa nuestra, si no conseguimos poner fin a muchos vicios: mucho robo, desvíos y muchas fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos.
Por eso estamos actuando, estamos marchando hacia un cambio total de la sociedad. Hay que volver a cambiar, porque tuvimos tiempos difíciles, se crearon desigualdades, injusticias. Pero lo vamos a cambiar sin cometer el más mínimo abuso.
Habrá una participación de todos cada vez mayor y seremos un pueblo que tendrá una cultura general integral. Martí dijo en una ocasión: ´Ser cultos es el único modo de ser libres´, y sin cultura no hay libertad posible, Ramonet.
El desafío
Juan Pablo II tenía Parkinson y estuvo un montón de años recorriendo todo el mundo
La confesión
Al principio, con los planes de atentado, tenía un papel decisivo, que no tengo hoy
El perfil
Descendiente de españoles, es hijo de un inmigrante dedicado a la producción azucarera. Educado en Santiago de Cuba y La Habana, consiguió doctorarse en leyes por la universidad de ésta última ciudad en 1950. Su militancia izquierdista, su capacidad oratoria y sus dotes de mando le dieron la dirección del grupo rebelde Movimiento, de carácter antiimperialista. El 26 de junio de 1953 este grupo realizó un asalto al cuartel de Moncada, en Santiago de Cuba, acción que pretendía expulsar del poder al dictador Fulgencio Batista. Sin embargo, la resistencia de las tropas gubernativas puso fin a la asonada, que se saldó con el encarcelamiento de Castro. Una amnistía concedida en 1955 le permitió exiliarse. En 1959, comandando un batallón de hombres entre los que estaba el Che, Castro acabó con la dictadura de Batista, instaurando una revolución muy criticada desde algunos sectores por su falta de respeto a los derechos humanos.