No hay nada nuevo, desconfía de reinventores de la pólvora y de mesiánicos salvadores de la patria, decía un viejo lobo de mar. Tan pobres y conflictivos los bolitas, como nos llaman despectivamente los argentinos del gas solidario y el diésel usurero, que somos campeones sudamericanos del subdesarrollo, además de ser subcampeones de la corrupción en el hemisferio occidental. Tales pensamientos pesaban en la adustez de mi faz de criollo boliviano, con más arrugas que el Canciller pudiera leer, devenidas de años y lecturas que los ignorantes reniegan de valorar.
Había desatado mis reflexiones un párrafo del Informe del Desarrollo Humano (IDH) Bolivia 2004, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): “a pesar de tremendos esfuerzos y sacrificios históricos, la construcción del Estado-nación en Bolivia ha sido hasta hoy complicada e inconclusa. El dominio incompleto sobre el territorio, la construcción restringida de un imaginario nacional que articule e incluya la diversidad cultural boliviana y la ausencia de una institucionalidad política socialmente compartida son los saldos de una labor sin terminar. En ese sentido, una de las búsquedas necesarias es auscultar los caminos que podrían conducir a una nación, a la que consideramos necesaria; a armonizar, al interior de un espacio público, las diversas existencias culturales, étnicas, clasistas o regionales que funcionan en su seno”. Una Asamblea Constituyente con ganas de construir patria, pensé.
Con el recuerdo del Nazareno en el Huerto de Getsemaní, me propuse un artículo conciliatorio. Poner mis discrepancias en el congelador de una visión de los mejores de una patria común para todos. Mucho tuvo que ver la lectura de las reflexiones que viene inyectándonos, como bolsa de suero glucosado, el equipo de estudiosos del PNUD. Pero se me vinieron a la mente pequeñas evidencias de atropellos totalitarios, cual ratones que alguna vez percibí con el rabillo del ojo desplazándose en rauda carrera, de cama a ropero, de alacena a cocina.
Del Poder Ejecutivo al Ministerio de Hacienda, para rechazar planillas e imponer un cínico embutir a los servidores públicos una reducción de salarios. Es piola hacerlo con 30 millones de verdes de libre disponibilidad que el padrino venezolano regaló a su ahijado boliviano, que alcanzan para prescindir de los gastos reservados. Y para que el Presidente no tenga que visitar ferias de ropa usada y se vista de moda étnica: sin corbata y en la boutique más cara –y k’ara- del país.
Del Palacio Quemado a jueces inducidos o asustados, rememorando a Nerón –uno de charango con hojas de coca esculpidas-, presionando que la justicia se convierta en tragicomedia de dedo pulgar para abajo, cuando meten a la cárcel sin presunción de inocencia -quizá por ser k’ara-, a un servidor público de concurso de méritos del antes corrupto Servicio de Caminos. Mientras un ex ministro confeso de ser parte de la tropa que echaba mano a millonarios gastos reservados para beneficio propio, está bien, gracias, en su mansión cruceña de dos millones de dólares, ahorrados del mercado semanal, sin duda.
De la Plaza Murillo a jefaturas partidistas departamentales. Primero, para tomar por asalto oficinas, como si los cargos públicos fueran una piñata de montoneros. Luego, para crear un Frankenstein fomentando separatismos insulsos, que a futuro acarrearían una veintena de departamentos en una Bolivia vacía y balcanizada. Después, para defraudar a tantos que apoyaron a la variopinta tienda política de Gobierno, en seleccionar candidatos a constituyentes, haciendo dudar que la tal Asamblea sea un cónclave de los mejores para reordenar la casa.
¿Es posible que la sociedad boliviana en su diversidad pueda construir un tejido social signado por la tolerancia y la convivencia, a fin de potenciarse positivamente como un sistema de acción eficiente en los avatares de la globalización y la sociedad de la información?, pregunta el PNUD. ¡Qué tolerancia ni qué cuernos!, me dije, luego de leer cómo nos perciben desde la tierra del titiritero que parece manejar los hilos del proceso político en Bolivia.
El cachorro boliviano del cachorro venezolano del tirano cagalitroso de la isla, lo llama la periodista venezolana Charito Rojas. Su padrino venezolano “ya instaló en Bolivia a la Misión Robinson, para que enseñe español a los quechuas y aymaras; a la Misión Identidad para que los bolivianos aprendan a manipular sus elecciones; los agentes de seguridad venezolanos y cubanos están por todas partes”: asesoran al cachorro boliviano cómo prorrogarse en el poder absoluto.
Faltan las tres horas de tele los domingos, en un programa Aló Presidente Evo. El discurso está calcado: que si la soberanía, que si el imperialismo, que si los neoliberales salvajes, que si los oligarcas explotando a los quechuaymara (engendro étnico de propia invención que excluye a la mitad de Bolivia). Pero además del blablá populista, los pasos se asemejan como en un espejo: la Asamblea Constituyente, al igual que sucedió en Venezuela, derivará en la defenestración de los poderes legítimamente constituidos. Ya el cachorro boliviano anunció que tiene una estrategia para asegurarse la mayoría en la Constituyente: será el Kino Huevo, bautizado así en honor a su exitosa versión caraqueña.
Mientras tanto, el caudillo salvador de la patria prefiere el discurso demagógico, atropella las leyes y denuesta a los administradores de justicia. Sin ingresos petroleros como los del padrino, qué importa que se vaya a pique lo poco que queda de la economía y el sector productivo del país del ahijado. “Pobres bolivianos, que no tienen ni alpargatas para bailar el joropo sabanetero que les espera”, remata la picosa venezolana.
Señor, aparta este cáliz amargo de Bolivia, fue mi oración del pasado Jueves Santo.
Papelito para Alfredo
Papelito para Ramón. Así titulaba Alfredo Medrano algunas de sus columnas periodísticas para conversar con su yunta, Ramón Rocha Monroy, el Ojo de Vidrio, y darle consejos que no eran tal, porque él, el Alfredo, no estaba para esas cosas.
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Actualmente, la tecnología ha hecho posible que la mayoría de los habitantes urbanos posea una cámara fotográfica, que por sus características de tamaño, precio y versatilidad se las puede llevar a cualquier parte y casi permanentemente.
¿Urucum versus Mutún?
Resulta sorprendente que después que el Ministerio de Minería realizó con éxito un seminario con la participación de expertos y la presencia de los "pueblos originarios " del oriente
¿Petróleo a 100 dólares, gas a 20 dólares?
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