No hay decreto, no existe ley, ni siquiera una Constitución nueva generada por medio de una Constituyente que puede cambiar de la noche a la mañana la realidad.
El imaginario de muchos actores sociales de cambiar la realidad por medio de una revolución o través de una nueva ley, simplemente no funciona. El sueño de decretar el pleno empleo, la ilusión de aprobar una ley que convierta a todos en honestos, la idea de generar una Constitución que nos convierta en una potencia productiva mundial, la esperanza de sancionar una norma que cuadruplique nuestras exportaciones, el anhelo de fijar una ley para salir del capitalismo y de la globalización, todo eso es una esperanza equivocada.
Quienes cierren los ojos en una noche e imaginen que una nueva ley aprobada al día siguiente nos convierta en algo distinto a lo que somos, lo que están haciendo es soñar. Y todos tienen el derecho a soñar, todos poseen el derecho a la utopía, pero que se sepa, las utopías no aparecen de la noche a la mañana. Aunque cueste aceptarlo, las utopías se construyen día a día, se edifican cotidianamente, se las construye con el trabajo diario. Sólo los países que ponen diariamente un ladrillo a su desarrollo son los que en muchas décadas logran desarrollarse. En cambio, los países que no colocan ese ladrillo diario, las naciones que usan ese ladrillo para bloquear, para evitar los procesos, esas naciones tienen dificultades para desarrollarse.
Si un día se exporta un poco, el reto para mañana es exportar un poco más, pero si de un día para el otro se mata esa pequeña exportación con la esperanza de que habrá una nueva exportación que dará millones, probablemente no se está construyendo la exportación ni el futuro como proceso.
Una de nuestras dificultades para llegar al desarrollo es que no tenemos la capacidad de confiar en los procesos, de entender que sólo procesualmente se puede avanzar al desarrollo. No es una jugada mágica, no es la lotería de un día la que genera países desarrollados, por el contrario, es el esfuerzo diario, es la labor cotidiana la que lo hace, pero una faena cotidiana que tenga un norte y una visión que exprese con claridad hacia dónde ir. Si la visión de futuro radica en derrumbar todo, en cambiar todo cada día, si el norte es descalificar todo, creer que todo debe ser cambiado, si se opera de este modo, lo más probable es que no logremos desarrollo.
Si este gobierno ofreció cambio, el mismo debe entender que el cambio se hace poco a poco, como proceso; les será muy difícil decretar el pleno empleo o fijar una ley para que todos los empleos sean estables y bien remunerados, les será muy complicado salir del mercado mundial y generar una economía que sólo produzca para el mercado interior. Eso debe saberlo el Gobierno, pero también debe entenderlo la oposición y muchos analistas que le dicen al Gobierno que no es transparente porque no cumplió lo que ofreció, porque todavía no lo cambió todo. Unos y otros requieren tener la paz de aceptar que el desarrollo se construye como proceso.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
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