Jacqueline Conley transforma las bolsas de mercado en versátiles bolsos.
Beatriz Andrade D. Fotos: Pedro Laguna
ólo la imaginación puede atreverse a romper esquemas y transformar algo común en un accesorio. Este tipo de cosas son las que llaman la atención a las mujeres, y también las que han motivado últimamente a la diseñadora Jacqueline Conley, quien no desaprovecha nunca la oportunidad para trabajar nuevas ideas en base a lo nacional.
Así ha nacido su nueva colección de carteras. ´Un día vi a una cholita doblar en dos una bolsa de plástico, de ésas que se usan para ir al mercado. La colocó bajo el brazo y noté que había cambiado de forma´. Ese detalle fue suficiente. Y Conley, entonces, tomó las bolsas a modo de materia prima.
El proceso de transformación es sencillo. Simplemente, la diseñadora hace que las bolsas pierdan su forma original y adopten otras.
Para ello, en el interior, primero es imprescindible la colocación de un forro con las divisiones respectivas. Luego, el siguiente paso consiste en eliminar los agarradores y colocar unos tiros largos, elaborados con un tipo especial de macramé.
A continuación, para dar un toque de elegancia al accesorio, se utilizan más macramé y flecos, según la exigencia de los diseños, entre los que se incluyen flores, hojas, enredaderas y dibujos bordados.
De esta forma, cada una de las piezas se muestra sumamente versátil, pues, al hombro o a la mano, los bolsos pueden acompañar sin problema a todo tipo de mudas.
¿El secreto? Según la diseñadora, está en acompañar las prendas con el tono adecuado. Por eso, los bolsos exhiben rojos, verdes, naranjas, rosas, azules y amarillos, colores que causaron furor en marzo durante la presentación de la colección en la embajada americana.