Alta Costura Otoño-Invierno 2006 llega como la nueva sugerencia de Gonzalo Plaza.
Beatriz Andrade D. Fotos: Fernando Cartagena
La noche siempre tiene un encanto especial, tal vez por la energía que emana la luna, tal vez por la frescura de la brisa o la misma oscuridad, pero lo cierto es que resulta mágica e invita una y otra vez a descubrir la feminidad.
Es en ese misterio, en el de la noche y en el de la mujer, que el diseñador cochabambino Gonzalo Plaza encuentra, a menudo, a sus musas, aquellas que le acaban de inspirar con la llegada del viento de otoño, que anticipa el invierno.
Para Plaza era tiempo de volver a crear y así retrocedió en el tiempo en busca de encontrarse con el hilo de la historia y recuperar los vestidos del siglo XIX, los de corte imperio, algo ceñidos debajo del busto, aquellos que empleaban deslumbrantes damiselas como la emperatriz Josefina Bonaparte en las fiestas de épocas pasadas, llenas de romance y majestuosidad.
Ahora, el creador de moda trae al siglo XXI esos diseños, los resucita añadiéndoles detalles vanguardistas, y presenta de esta forma su nueva colección, la de trajes de noche para el Otoño-Invierno 2006.
En ella, las faldas corte campana dejan volar sus vaporosas telas, telas que como requisito ´deben tener buena caída´. Es por eso que Plaza ha preferido los tules y géneros drapeados. ´Estos últimos porque delinean la silueta y esconden las imperfecciones del cuerpo´, explica el diseñador.
Asimismo, en todas las prendas de esta muestra de alta costura los escotes se abren paso en el talle formando una V profunda y atractiva, y los hombros quedan sensualmente al descubierto. ´Así se favorece y se estiliza la figura´.
Pero para Plaza el diseño no es lo único fundamental, también le preocupan las texturas. Por eso, canutillos, mostacillas y pedrería bordados en alto relieve son fundamentales en cada uno de sus trajes.
Café y chocolate, por su parte, ponen el calor, pues estos colores, junto al cobre y al oro viejo, hacen que las combinaciones se apoderen de la colección, en la que tampoco faltan otros tonos como el clásico negro, el bordeaux y el naranja.
Finalmente, como último detalle, Plaza no se ha olvidado de la importancia de las joyas, y propone el destello violeta y ámbar de la bolivianita, que convertida, por ejemplo, en magníficos pendientes realza la belleza de cualquiera.