Los últimos 20 años generaron una aguda descomposición del proletariado y la dinámica de clases se vio fuertemente afectada. Las épicas jornadas en que los obreros imponían el curso de la historia y los campesinos se aliaban a las fuerzas de la reacción fueron debilitándose progresivamente, y la única clase social que se afianzó como producto de la estructuración del mercado fue la burguesía.
En su interior los grupos de poder en torno a la naturaleza del capital cristalizaron en lo que hoy conocemos como logias, roscas y oligarquías, muy pequeñas, pero mucho más poderosas que una clase. La burguesía comercial, la industrial y la financiera se distribuyeron de forma desigual el territorio patrio. Mientras el capital financiero se asentaba en La Paz, el industrial y comercial lo hacía en Santa Cruz y con menor fuerza en los otros departamentos, se quebró de esta forma la estructura de clases que sostenía el proceso iniciado en 1952. El resultado fue la crisis de la clase obrera y el colapso de la COB.
Fraccionadas las clases y sin un escenario propicio, el discurso ideológico se desmoronó y junto a él los partidos políticos y el poder de los sindicatos, en su reemplazo nacieron los ´Movimientos Sociales´, desaparecieron los ´camaradas´ y nacieron los ´hermanos´: el hermano Evo, el hermano Felipe etc, empero, la crisis de los partidos y los sindicatos significaba la desaparición de los más representativos interlocutores políticos del periodo nacionalista, producto de esto, hoy los antagónicos no son políticos en el sentido clásico del término, sino más bien culturales. Los campesinos ´challan´ y los obreros dinamitan, los primeros, sin embargo, tienen más poder que los segundos.
Esta ruptura de los modelos de enfrentamiento propios del capitalismo, generó una dialéctica en que el opuesto legítimo ante la ausencia de elementos políticamente antagónicos (partidos y sindicatos ideológicos) es el Estado. El Estado y no la clase es el enemigo principal, de ahí que, independientemente de quien ocupe el Palacio de Gobierno, la gobernabilidad es ahora un dato de la cultura, lejos de la ideología y disociado de la economía, de hecho se derrocaron dos gobiernos y la economía seguía creciendo.
La clase obrera ya no encarna la esperanza de una sociedad mejor porque lo que vincula a las masas con el poder no es ya el capital, y menos la ideología, es la cultura. Vivimos en gran medida el retorno de los mitos, por ello, Evo no necesitó un arsenal para tomar el poder, al poder lo llevo un emblema cultural: la hoja de coca.
Subvención estatal
La certeza de que convivimos con una crisis política muy profunda, es una realidad que tiene preocupados a la totalidad de los actores del sistema político boliviano. Y es que cotidianamente las acciones que lleva a cabo el gobierno del presidente Evo Morales
Aprender sólo lo malo
Hace unos días escribía desde esta misma columna una nota en la que me preguntaba si algo había cambiado en Bolivia desde el advenimiento a la Presidencia de Evo Morales y su partido, el MAS.
Hacia un consenso político incluyente
Es ya conocida la decisión del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela de retirarse de la Comunidad Andina y, a pedido de ese país, se debe reunir la Comisión para formalizar su denuncia del Acuerdo de Cartagena.