Washington. Este primero de mayo fue la oportunidad para que millones de inmigrantes en los Estados Unidos salgan a las calles para pedir una amnistía para todos.
El tema ha puesto a gobernantes de muchos países con las barbas en remojo porque es la mayor manifestación pacífica en muchos años, desde la lucha por igualdad para los negros de Luther King, cuando los ciudadanos piden que se haga realidad la famosa ´aldea global´ no sólo para los negocios, para los que manejan las finanzas del mundo, para los banqueros y los que explotan los recursos naturales en todo el mundo sino —y sobre todo— para los ciudadanos, para los habitantes del mundo desarrollado, de los países llamados en desarrollo y para los otros.
El Congreso de los Estados Unidos está estudiando un proyecto de ley para permitir que los inmigrantes indocumentados que han ingresado a territorio estadounidense puedan tener sus papeles en orden para que dejen de ser ciudadanos de segunda clase, trabajando, generando riqueza, haciendo mover la economía pero sin ser reconocidos ´oficialmente´.
Y el tema de la inmigración no sólo afecta a los EEUU, país que quiere construir una muralla en la frontera con México, como construyó Alemania oriental (comunista) para evitar que los ciudadanos del Este crucen ´al otro lado´ en la ciudad dividida de Berlín. Los españoles también tienen un ´muro´ para evitar que ciudadanos del África puedan ingresar al mundo integrado y solidario de la Unión Europea. El Gobierno de Francia ha tomado en sus manos el papel de policía de este mundo mejor para evitar que ciudadanos de otros mundos ingresen a su propio territorio o latinoamericanos, incluyendo bolivianos, lleguen a España para trabajar, tener mejores oportunidades y hacer las labores que ya los propios europeos o estadounidenses no quieren hacer.
Mientras los gobiernos del primer mundo se esfuerzan para evitar que sus ventajas, su propio nivel de vida, sus oportunidades de educación y salud se mantengan inalterables y beneficien sólo a sus ciudadanos, estos mismos gobiernos no dejan pasar la oportunidad para firmar acuerdos que permitan a sus empresarios, a sus inversionistas, a sus comerciantes, tener todas las oportunidades posibles para que sus capitales se multipliquen, sus derechos de propiedad sean preservados, para que la explotación de recursos naturales, sean estos minerales, petróleo, gas, maderas y otros, pueda generar valor agregado en sus propias metrópolis y así seguir mejorando y garantizando una vida mejor para sus habitantes.
La ´aldea global´ tiene que ser para todos. Para los capitales, para la tecnología, para los recursos naturales y también para la mano de obra, para los ciudadanos del mundo. No podemos olvidar que los europeos que cruzaron el mar y colonizaron lo que ahora es EEUU tenían iguales e incluso menores capacidades técnicas, culturales o educativas que los pueblos originarios que ya estaban en esas tierras.
Los millones de inmigrantes que salieron a las calles de las grandes ciudades de los Estados Unidos pidiendo igualdad, libertad y oportunidad, han dado el primer paso histórico en la lucha mundial para reconocer un mundo para todos, una aldea donde todos tengan las mismas oportunidades para trabajar, para educarse, para vivir mejor.
*Enrique Eduardo es periodista.
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