Lo bueno. Desde el punto de vista político, la decisión del presidente de Bolivia, Evo Morales, de nacionalizar los hidrocarburos, lo ayudará a mejorar la aceptación popular de la que goza. Se debe recordar que en abril, el Jefe de Estado boliviano cayó 12 puntos en las encuestas por no haber adoptado medidas concretas como las que prometió durante su campaña electoral.
El Estado boliviano, al tener una participación de más del 50% en las actividades hidrocarburíferas, tendrá un mayor control en lo que a precios y volúmenes de comercialización se refiere.
Lo malo. Bolivia no produce suficiente petróleo para cubrir sus necesidades internas (sólo produce 40 mil barriles por día), así que el rompimiento de sus relaciones con Repsol YPF o Petrobras le podría generar grandes problemas.
Para autoabastecerse de diesel requerirá seguir con la exploración. No es bueno confiarse de un solo abastecedor, por más amigo que parezca. La oferta de Chávez para proveerlo de diesel podría resultar insuficiente.
Ahora bien, explorar significa invertir, y en ningún país de la región las sumas que se requieren pueden ser cubiertas únicamente por el Estado. Se requiere necesariamente de capitales privados.
Aun cuando Bolivia quiera exportar gas como materia prima, los bolivianos necesitarán de unos 2 mil millones de dólares.
Un dato adicional. Si Evo Morales no logra generar una buena relación con las petroleras que hoy se han visto afectadas, difícilmente podrá lograr sus objetivos y la nacionalización lo llevará por un peligroso sendero.