Restos humanos con visibles cortes han impresionado a los equipos de trabajo de la pirámide, en Tiwanaku. Muchas son las preguntas en torno a ellos: ¿Se trata de guerreros? ¿Es lo que queda de los enemigos de ese ancestral pueblo? ¿Son sacrificios a las deidades superiores?
Texto: Álex Ayala y Danilo Villamor • Fotos: Jamil Chávez
Con siete niveles, truncada y apuntando firme hacia el cielo, la milenaria y misteriosa pirámide de Akapana, en Tiwanaku, aguarda a que especialistas y expertos de la Unidad Nacional de Arqueología (Unar), traten de develar sus secretos.
Con 182 metros de ancho, 194 de largo y una altura de 18 metros, se sabía que fue un observatorio astronómico y un centro de culto. Sin embargo, la gran cantidad de restos de humanos —relacionados con la estructura— hallados durante las actuales excavaciones añaden un misterio más a su leyenda. ¿Por qué los cuerpos encontrados están mutilados, incompletos y a la intemperie, sin tumbas?
Muchas han querido ser las respuestas al respecto. Algunas teorías aseguran que se trata de guerreros caídos en combate. Otras dicen que podrían ser simplemente enemigos, prisioneros del imperio de Tiwanaku. “Pero la más extendida —apunta Danilo Villamor, antropólogo forense de la Unaar— plantea que se trata de seres humanos que fueron sacrificados por algún tipo de ofrenda”.
Desechando hipótesis
A primera vista, lo que llama la atención es que muchos de los huesos encontrados tienen cortes, lo que apuntaría hacia la hipótesis de los guerreros. “Se creía que la falta de miembros y las contusiones eran debidos a las cruentas batallas, pero los estudios realizados sobre las lesiones no muestran patrones de violencia vinculados a armas de guerra de la época como mazos y puntas de flecha”, analiza el investigador. Además, los restos de mujeres y niños —ajenos a las confrontaciones— despejan otras posibles dudas al respecto.
“También parece difícil que los huesos pudieran pertenecer a los enemigos del estado tiwanakota”. Aunque los análisis de ADN que se están llevando a cabo en Brasil todavía no han terminado, los indicadores que dan cuenta de las alteraciones de carácter étnico —como el tipo de deformación craneana— señalan que se trata de los mismos oriundos de ese valle.
Así, cobra fuerza la idea de los sacrificios, sobre todo porque los huesos no se han hallado en los habituales contextos funerarios, es decir, en tumbas. Pero, entonces, surgen más preguntas: ¿Cómo murieron las personas? ¿Los cortes fueron intencionados?
Huesos e incisiones
Las características propias de los hallazgos pueden ayudar a despejar algunos de los interrogantes.
“Los restos —resume Villamor— corresponden a personas de ambos sexos, por lo general menores de los 30 años. Su ubicación preferente es en la base de las plataformas, justo al lado de los bloques del muro. En la totalidad de los casos no se trata de humanos completos, hay preferencia hacia los cráneos y no se observan evidencias de una prolongada exposición a la intemperie o marcas de ataques de animales carroñeros”. Por otro lado, el patrón de fracturas se repite en casi todos los cráneos —Tiwanaku era una cultura cefalocéntrica—, por lo que pudo haberse matado a la gente a base de golpes justo en esa parte.
¿Y los cortes? “Son el resultado de la incisión en la piel o el tejido muscular por medio de algún instrumento con el objetivo de separar en porciones más pequeñas un cuerpo entero aprovechando las coyunturas o articulaciones naturales de las extremidades y otras regiones como la pelvis o la columna”.¿Pero, con qué propósito? “Entre otras cosas, seguramente, fueron infligidos para acelerar la descomposición de los cuerpos, al mismo tiempo que se seleccionaban piezas con el objetivo de usarlas a continuación a modo de ofrendas a deidades superiores”.
Entonces, según el investigador, resulta cada vez más evidente que dentro del área ceremonial se llevaron a cabo sacrificios humanos. “Además, en el universo andino la muerte es un sinónimo de continuidad y, desde que el mundo es mundo, los obsequios a la Pachamama y otras deidades son comunes en los pueblos y las comunidades. En este contexto, brindar la vida humana era antaño el más importante de los tributos”.
Ejemplos se han encontrado sobre todo en la famosa estructura de Akapana. Es el caso de la bautizada como “ofrenda de las piernas”, consistente en un pequeño grupo de tibias, peronés, huesos del tarso y algunos falanges dispuesto ordenadamente en fila escalonada justo al pie de los bloques de la primera plataforma de la pirámide, en el sector norte.
Asimismo, aunque pocos, también se han hallado algunos huesos de animales con presencia de cortes. “Priman los camélidos, y el hecho de que existan tan pocos huesos con alteraciones apoya la idea de que las ofrendas encontradas no son los restos de banquetes o actividades similares, como se pensaba, pues la mayor parte de las evidencias parecen indicar que poseían tejido blando —carne y piel— en el momento en el que fueron depositados en las plataformas”, dice Villamor.
Tampoco, parece ser, en lo relativo a restos humanos, desechándose así algunas otras tesis que insinuaban la posibilidad de que se hubieran producido prácticas antropofágicas en Tiwanaku. “A pesar de los cortes, no hay señales de cocción o marcas de dientes”.
Cuerpos sin tumba
Otro de los interrogantes que refuerzan la hipótesis del sacrificio tiene que ver con la ausencia de tumbas. “Por el momento, los restos que han sido encontrados, en las partes norte y noroeste de la pirámide, tenían tierra por encima y por debajo”, recalca Villamor, por lo que, en este caso, la pregunta que se plantea es la siguiente: ¿Por qué se encontraban tapados?
Para el antropólogo, parece ser que fueron introducidos como parte del sedimento que se depositó intencionalmente encima de las plataformas de la pirámide, por lo que es posible que estos cuerpos fueran parte del relleno para enterrarla. “El abandono de una construcción —evento observado en varias culturas del mundo andino— solía estar motivado por cambios, ya sea cosmogónicos, de líderes espirituales…”.
Con todo, no se descarta que Akapana se tratara de una estructura funeraria que fue sellada luego de su conclusión, y no de un edificio público. En este sentido, sin más uso que el de albergar los cuerpos de los altos dignatarios —tal y como sucedía en las pirámides centroamericanas y egipcias—, los sacrificios tendrían pleno sentido. “Y quizá el pasadizo de 60 centímetros de diámetro que nos falta investigar conduzca a una cámara mortuoria, pues estaba bien sellado, con compactos bloques de piedras, y se hallaron restos de alimentos, que podrían ser ofrendas, a su alrededor”.
Al respecto, sin embargo, apenas hay aún respuestas. Estas teorías están en pleno trabajo de investigación y serán corroboradas o descartadas a la luz de los nuevos hallazgos de los que trabajan en Akapana recuperando una historia de más de 1.500 años entre un viento que se asemeja a una tos seca y las constantes lloviznas que dificultan las excavaciones.
Trabajos
El proyecto Akapana, que se está realizando gracias al aporte de la Sociedad Boliviana de Cemento (Soboce), la Corporación Andina de Fomento (CAF), y el gobierno municipal de Tiwanaku (GMT), es uno de los trabajos más importantes que la arqueología boliviana está encarando en Tiwanaku desde que se concluyeron las excavaciones del Templo de Kalasasaya y el Templete Simisubterráneo, llevadas a cabo en la década de los años 60. En términos de avance, se puede decir que, al día de hoy, sobre aproximadamente el 88% del presupuesto asignado se ha avanzado un 116% del trabajo programado, lo que demuestra una administración transparente y un trabajo eficiente. Actualmente, bajo la coordinación de los expertos de la Unidad Nacional de Arqueología (Unar), trabajan allá 123 personas.
La pirámide
Akapana es una pirámide que se encuentra en las ruinas de Tiwanaku. Tiene un perímetro de 800 metros y una altura de 18 metros con relación al suelo. Está constituida por siete terrazas escalonadas sostenidas por muros de contención diferentes para cada nivel, lo cual sugiere un tiempo largo de construcción. El número siete aparece asociado con el ´padre cielo´, que equivale al uso de las coordenadas polar y ecuatorial, expresadas mediante referencia a las direcciones cardinales. Esta enorme edificación de gran magnitud y enigmático diseño despertó la codicia de muchos buscadores de tesoros que, en el afán de encontrar supuestas valiosas reliquias, iniciaron una inmisericorde tarea de destrucción de tan importantes evidencias de nuestro pasado. Fueron los inkas los que en el siglo XV iniciaron el saqueo, el mismo que prosiguió hasta la época colonial en el siglo XVII, cuando se empezaron a eliminar sus bloques líticos.
Sobre las incisiones
Existe una gran variedad de marcas que pueden observarse en restos humanos, ya que sus características están definidas por el tipo de instrumento que se utilizó para hacer los cortes, la fuerza y ángulos empleados. Estos detalles, a su vez, están determinados por el objetivo que se perseguía con la realización de los cortes, pues según se desee seccionar un trozo de carne, descarnar un hueso o cortarlo, las marcas dejan un patrón u otro. Según pudo observarse, en el caso que nos ocupa su tipología se acomoda a las características y tipos de marcas de desarticulación, que son las incisiones que quedan en los huesos como resultado del corte de las partes blandas para separar entre sí diferentes segmentos corporales por las articulaciones. Por otro lado, se debe tener en cuenta que según sea la región del organismo a ser seccionada, el procedimiento será distinto, y no siempre es necesaria la aplicación de demasiada fuerza para esta operación.