Estados Unidos, Japón, Noruega, Finlandia e Inglaterra, entre otros países, ya se han convertido en asiduos consumidores del producto, que ha conseguido hacerse un hueco en cotizados mercados.
Texto: Inés Ruiz del Árbol • Fotos: Nicolás Quinteros
Yolanda Condori se aproxima lentamente a sus frutos y los mira de cerca, como si fueran un valioso tesoro. No es de extrañar. Son el resultado de un proceso que ha durado meses, y que todavía no ha llegado a su recta final. Será a mediados de este mes de mayo, cuando los productores de Caranavi y de otras comunidades aledañas de la región comiencen con el exigente trabajo de recolección del singular café de altura.
Yolanda llegó a Caranavi hace cinco años, atraída por la nueva fiebre de este tipo de café, que entonces empezaba a despuntar en la región. “Hasta entonces me dedicaba a la venta en La Paz, aunque a veces participaba en los procesos de selección del café de altura”. Allí justamente conoció a Martín Uluri, su actual marido, que trabajaba en la recolección desde hacía años.
Juntos, desde ese momento, cultivan con pasión la ilusión de mejorar la calidad del café boliviano, que está comenzando a generar una amplia aceptación en muchos de los mercados internacionales.
Camino a la excelencia
“El café de altura boliviano es especial. Tiene algo que ningún otro café tiene”. Estas son las palabras de Yolanda Condori. Y de la misma opinión son también sus 34 compañeros de la colonia de Chumachi, quienes, como ella, conocen bien los secretos de cada fruto.
La plantación de Chumachi es muy extensa, y se encuentra situada a varios kilómetros de Caranavi, en plena selva yungueña. Llegar hasta los frutos más selectos de la cosecha supone una larga caminata por sendas escarpadas y húmedas. Y al contemplar el lugar, escondido entre los árboles, sorprende el intenso brillo de los frutos, mimados y cuidados hasta el mínimo detalle e inmersos en la dura lucha por ser los mejores. Y parece que el esfuerzo está dando ya resultado.
No es para menos. El café de altura ofrece propiedades muy beneficiosas para la salud, pues tiene efectos antioxidantes y es un buen aliado para prevenir los cánceres.
Además, su calidad y su sabor superan las expectativas de los paladares más exigentes. Es por eso que muchos de los productores de esta región han obtenido la “Taza de excelencia”, que otorga la Asociación de Cafés Especiales de Bolivia (ACEB) con la ayuda financiera de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). En esta zona, siete de los productores de café de altura han sido reconocidos con este premio, recibiendo sumas de dinero para que continúen mejorando la calidad del valioso grano.
Yolanda sonríe, a ella también le ha tocado su parte. “Lo invertiré para mejorar mi producto. Quiero añadir una hectárea más a la cosecha, y así aumentar la producción. Pero, sobre todo, quiero mejorar mi calidad de vida, mejorar mi casa, y ayudar a mi hija en sus estudios”. Estos sueños, que hasta hace poco eran inalcanzables para esta paceña de 33 años, se harán realidad también gracias a todos los compradores extranjeros que, tímidamente, comienzan a confiar ya en el café boliviano.
Es el caso de Estados Unidos, Japón, Noruega, Finlandia o Inglaterra, que ya se han convertido en asiduos consumidores del producto. “Ya no sólo hay café brasileño o colombiano, también está el nuestro”.
La necesaria cata
Para seleccionar los mejores cafés existe un jurado nacional formado por los hijos de los productores cafetaleros.
Ellos son los encargados de catar los diferentes productos y de analizar su calidad. Se debe distinguir aroma, color, acidez y grado de astringencia.
Durante la cata, se toma un poco de café con una cuchara y se absorbe de golpe, para captar todos los aromas que ofrece. Puede ser un café suave, nuevo, con un tostado ligero y dulce; o uno más fuerte, con carácter, negro y profundo.
De una u otra forma, los catadores coinciden en que el de altura es un café con esencia propia, que deja un sabor en el paladar difícil de olvidar.
También hay un jurado internacional, proveniente de todas partes del mundo. Los cafetaleros cuentan que, en una ocasión, una catadora de Noruega, tras saborear intensamente el café de altura, dijo: “Yo con este café me caso”.
Tremenda producción
La agricultura es la actividad más importante de la región de Caranavi, y es aquí donde se produce el 88% de toda la producción nacional de café. Martín Uluri, que conoce bien el proceso a seguir con los frutos, sabe que uno de los mejores secretos para la calidad de su café es la paciencia.
“Primero se recogen todos los frutos maduros, entre los meses de mayo, junio, julio, agosto y septiembre. Nos levantamos temprano, y estamos recolectando hasta el mediodía. Después se pasan a la despulpadora, se selecciona el grano y se deja fermentar entre ocho y doce horas”. Todo este proceso culmina con el lavado del café, en un depósito de agua con capacidad para más de 1.000 litros, y su posterior secado para poder ser trasladado a las cooperativas. Luego, el tostado se lleva a cabo en La Paz o en los países a los que se exporta, pero los productores de Caranavi confían en hacerlo ya pronto por ellos mismos.
Té de altura, otra esperanza
Con todo, el café no es la única alternativa con visos a tener éxito en la región de Caranavi, conocida sobre todo por sus cocales.
Así, una nueva aventura está comenzando en la zona. Se trata del té, y ya se ha puesto en funcionamiento una planta en la localidad yungueña.
De momento, se produce té negro y té verde, que abastece únicamente al mercado nacional, y la iniciativa beneficia directamente a unas 300 familias que trabajan en las cosechas.
Ahora, el objetivo es abrir los mercados internacionales también en este rubro, y aumentar la producción para cubrir las expectativas. ¿Y con qué se piensa competir?... Obviamente que con la altura.