Fue más que obvia la conexión de la denominada “nacionalización” de los hidrocarburos con los esquemas que ejecuta el MAS para alcanzar hegemonía plena en la Asamblea Constituyente. Así lo puso de manifiesto la intensa campaña publicitaria que por los principales canales de televisión siguió al anuncio presidencial sobre la medida, en una plaza Murillo erizada de insignias patrias y remecida por los vítores de la multitud que acudió a tan histórica jornada.
Tanto los formatos de los “spots” como los símbolos y las referencias históricas utilizadas, encajaban en una metodología propia de gente que se las sabe todas para que una mayoría mordiera el anzuelo en ese cardumen electoral tan sensible a estímulos publicitarios que es la opinión pública. Sobre todo, a esa que se forma en estratos sociales que van de clase media para abajo, donde rige con particular intensidad toda una tradición de estereotipos que conceptualmente entretejen patria con soberanía, recursos naturales y desarrollo. Se debe admitir que esta urdimbre estimula en una buena parte de la población la certeza de que en ella se hallan las claves para un venturoso futuro nacional.
Estamos seguros de que tuvo éxito el emprendimiento. Así lo podría confirmar una encuesta nacional que se realizase en estos momentos. Evo Morales, conforme a un último sondeo dado a conocer por un importante diario paceño, en cuanto a aceptación se refiere, no estaba precisamente en picada, pero había descendido del 80% de hace semanas atrás, al sólo 60% que registraba aquel reciente muestreo. Sin duda que se repuso de la pérdida tras la festejada “nacionalización” y su bien organizado acompañamiento publicitario. Podría ser que ahora le apoye un poco más del 80 por ciento de la gente...
Nadie puede negar que las medidas en materia laboral formaron parte complementaria del paquete publicitario apuntando a objetivos político-electoreros. La cancelación del régimen de libre contratación y el incremento del salario básico a 500 bolivianos, de algún modo debe halagar a los beneficiarios, que son miles. Cierto, el incremento no es mucho, pero peor es nada... Éste, sin duda, el razonamiento en gente que vive de un salario...
Pero la mentada “nacionalización” implica un largo y conflictivo trayecto de final incierto. Aun cuando ella resulte exitosa —esperamos que lo sea—, sus réditos, en forma de un drástico incremento de los ingresos por concepto de producción y exportación de hidrocarburos, no están a la vuelta de la esquina, como muchos suponen, sino al término de todo un proceso, del cual forman parte asuntos cruciales como las negociaciones con las empresas involucradas en el tema, el potenciamiento de YPFB, tanto financiero como técnico-institucional y la consolidación de mercados para el gas. A la lista se agrega la millonaria inversión que demanda la prospección y explotación de nuevas áreas hidrocarburíferas a fin de incrementar las exportaciones a los niveles que plantea la creciente demanda externa. Y todo esto no se logra de la noche a la mañana.
Entretanto, el frente de los ingresos y empleos no experimentará modificación favorable alguna. La desocupación y los ingresos insuficientes seguirán castigando a los sectores populares. Como en ambos rubros se hallan las claves de la popularidad de cualquier gobierno, las últimas medidas de Evo sólo retardarán su desgaste político. Ese que ya insinuaban las encuestas y que ahora parece pararlo en seco la nacionalización.
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
Amistades e intereses
Ha causado un verdadero terremoto político y diplomático la decisión del Gobierno boliviano de nacionalizar los hidrocarburos. Esta determinación ha merecido una gran cobertura informativa tanto nacional como internacional.
Matrimonios
Los matrimonios entre las palabras son más sólidos que los del Hollywood actual. Echas un vistazo al periódico y ahí están, envejeciendo juntos, términos como uranio enriquecido