Ha causado un verdadero terremoto político y diplomático la decisión del Gobierno boliviano de nacionalizar los hidrocarburos. Esta determinación ha merecido una gran cobertura informativa tanto nacional como internacional. Ella ha promovido el viaje del Presidente venezolano en sorpresiva visita a La Paz, y la reunión urgente de cuatro mandatarios sudamericanos para tratar las consecuencias de la política de nacionalización adoptada desde La Paz. La Unión Europea también manifestó sus preocupaciones y el Gobierno español ha expresado su decisión de seguir apoyando al pueblo boliviano, a pesar de una coyuntura en la que parecen oponerse a las grandes amistades, los grandes intereses.
Y es que el factor energético se ha revelado como uno de los temas más sensibles para los Estados por sus grandes consecuencias económicas, políticas y sociales. No en vano Bolivia ha visto una suerte de sucesiones presidenciales en sucesivos derrocamientos, motivados en casi todos los casos por el manejo y el destino de los recursos naturales. Tanto la “guerra del agua”, como la “guerra del gas”, reflejan el peso y la importancia de estos recursos naturales que tocan directamente la vida cotidiana de los ciudadanos, y detrás de ello, el apoyo social al poder político y, por ende, la propia manera de gobernar.
Pero el factor energético puede ser también la búsqueda, muchas veces desenfrenada, de una hegemonía política y económica tanto en un marco local, como regional o continental. Eso lo sabe muy bien Venezuela y su gran potencial en petróleo y gas, o Brasil también con sus grandes empresas en el sector, o Argentina, portadora de grandes necesidades energéticas e intereses empresariales. De esta forma, se piensa que el hecho de controlar tanto las reservas energéticas como su producción, pueden ser de vital importancia en el momento de definir un control del poder hegemónico por parte de los países productores y una dependencia cada vez más grande de los países consumidores e importadores de recursos naturales. De allí nace la idea de un gasoducto del sur, que cierre la posibilidad de una dependencia exclusiva en manos de un solo país, y las dificultades que ello entraña.
Al parecer, todos estos factores dejan ver que el continente americano sufre una seria reconfiguración de sus espacios hegemónicos en una singular conjugación de amistades políticas, con los intereses económicos. Todo ello en medio de una crisis social y de una lucha por la misma subsistencia de los Estados evitando, a cualquier costo, todo lo que pueda significar una merma de su soberanía y por ende, de su sostenibilidad política, social y económica.
Pero el factor energético puede ser también la búsqueda, muchas veces desenfrenada, de una hegemonía política y económica.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
Sólo retarda el desgaste
Fue más que obvia la conexión de la denominada “nacionalización” de los hidrocarburos con los esquemas que ejecuta el MAS para alcanzar hegemonía plena en la Asamblea Constituyente.
Matrimonios
Los matrimonios entre las palabras son más sólidos que los del Hollywood actual. Echas un vistazo al periódico y ahí están, envejeciendo juntos, términos como uranio enriquecido