En el artículo anterior examinamos la extraña paradoja de que muchos de los modelos de desarrollo latinoamericano que optan por el crecimiento y la libre empresa, excluyen a los pobres por improductivos, generando así una inequidad que termina por derrumbar precisamente el modelo que parecía exitoso. Este vuelco acaba de ocurrir en Bolivia. Por otro lado, los esquemas populistas que buscan la igualdad a cualquier costo, castran de buena fe la creación de riqueza al destruir el espíritu de emprendimiento y las ganas de invertir, de tal manera que terminan ‘repartiendo pobreza con equidad’. La experiencia de decenas de fracasos de ambos esquemas a lo largo del tiempo, sólo tiene un común denominador: los pobres siguen siendo pobres.
Conozcamos a Eudoro, habitante del Chocó colombiano, la selva con mayor precipitación del planeta: un joven de raza negra, descendiente de esclavos que escaparon de las minas coloniales. Luego de tres años de una educación irrelevante, impartida por maestros-héroes, poco preparados y aislados, se dio cuenta que su estudio era una pérdida de tiempo. ¿Para qué la lectura, sin libros ni periódicos que no me interesan? La aritmética más allá de contar los castellanos de oro lavados por su tío y los peces que trae a casa… ¿Pa’ qué? Sus opciones, si es fuerte y capaz, están en la guerrilla o en la coca, mucho más que río abajo en la mina de platino de una multinacional que trae obreros especializados de la ciudad, técnicos en sistemas o en metalurgia que habitan un campamento con aire acondicionado protegido con malla. Cualquier trabajador o empleado colombiano gana por lo menos $us 220 mensuales más beneficios que suman otros $us 180 y naturalmente para ser productivo, debe crear riqueza por un valor de mil. Eudoro, en un país que exporta veintidós mil millones de dólares y tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo, está en una situación peor que cualquier recolector de castaña de Riberalta. En la barraca, éste por lo menos conecta su ingreso con la globalidad.
Receta para Uribe: la mitad de la población colombiana es pobre en medio de un país que crece y se desarrolla a buen paso. Las decisiones económicas las toman los emprendedores y para ellos Eudoro no existe; Sin culpa alguna, él mismo se autoexcluye por su incapacidad actual. Esa dramática realidad, en términos de desarrollo para el Estado, se traduce en: ¿Cómo integro a quienes no son suficientemente productivos? La respuesta parecería ser: a) no matar ‘la gallina de los huevos de oro’ y abrirle más mercados (TLC) b) con discriminación positiva, focalizar la inversión social en los excluidos, con énfasis en educación relevante c) incentivos reales para incorporar la nueva mano de obra calificada y para abrir frentes competitivos en decenas de ‘bolsones de pobreza’.
*Jorge Zapp es consultor internacional.
Vendamos gas a Chile
Las negociaciones podrían volverse muy difíciles y terminar en lo mismo que se tenía antes de la nacionalización o peor aún.
El zoológico
Soñé que iba de la mano de mi madre a un zoológico de oraciones gramaticales donde nada más entrar, a la derecha, dentro de una jaula con los barrotes oxidados, reposaba la siguiente frase: “Me duele la cabeza”.
¡Defendamos a las ratas!
Sé que inicio una cruzada inútil, pero desde hoy dedicaré lo mejor de mi escaso tiempo y mi reblandecido cerebro a luchar contra los experimentos absurdos con ratones.
Desplantes innecesarios
Innecesarios han sido los desplantes que ha exhibido el presidente Evo Morales en su primer día de visita a Viena. Han sido los mismos desplantes que mostró en Bolivia — cuando era sólo un dirigente cocalero—