Con toda la euforia de la nacionalización y sus desenlaces, una mala y buena noticia han pasado desapercibidas. La mala es que Juan Antonio Morales dejó la presidencia del Banco Central (BC) después de más de 10 años al frente del ente emisor. La buena noticia es que la academia boliviana ha recuperado uno de sus mejores economistas. Futuras generaciones se beneficiarán de la experiencia y conocimientos del Doc. Morales, como es conocido por sus alumnos y colegas en la Universidad Católica Boliviana. Dígase de paso, la referida universidad, tuvo la excelente iniciativa de otorgarle el Doctor Honoris Causa a Juan Antonio.
Hoy en día existen pocos consensos en materia de desarrollo económico, uno de ellos es que la estabilidad monetario financiera es fundamental para crecer y generar empleo productivo, aunque también sabemos que no toda estabilidad genera automáticamente crecimiento. Sin embargo, la inflación es el peor impuesto especialmente para los más pobres en una sociedad como la nuestra. Como es conocido por todos, a mediados de los años ochenta Bolivia vivió una hiperinflación de dimensiones catastróficas. En esta época había mucho mes al final del salario. La gente concurría a los mercados con enormes canastas, no para traer los productos, sino para llevar la plata. Hoy en día la tasa de inflación es baja y está controlada. El salario, aunque aún es bajo, no tiene que enfrentar el demonio de la subida de precios. Las bolsas del Rodríguez, de la Cancha o del mercado de las Siete Calles vuelven con alimentos y uno lleva sus bolivianos en la cartera o billetera. Tomó muchos años a la sociedad boliviana consolidar el concepto de estabilidad en el imaginario popular, pero ahora la estabilidad se ha convertido en un patrimonio nacional. Inclusive el actual gobierno reconoce esto. El Dr. Morales, a la cabeza del BC, contribuyó de manera significativa a este logro colectivo. A lo largo de estos años, tanto desde el punto de vista académico como desde la perspectiva de la política pública, Juan Antonio se convirtió en el Dr. Estabilidad.
La estabilidad de precios y el manejo adecuado de la política cambiaria y monetaria en Bolivia son el resultado de una feliz combinación entre construcción de institucionalidad y personas competentes y comprometidas. Con la Ley No. 1670 de 1995 se creó un BC independiente con objetivos muy específicos, entre los más importantes: mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional, en buen español, cuidar para que nuestra marmaja rinda. Asimismo, la ley faculta al BC a administrar la política monetaria y cambiaria y cuidar de las reservas internacionales. El ente emisor debe velar también por la estabilidad de sistema financiero. Es decir cuidar nuestros ahorros en los bancos nacionales y velar por la platita de la patria. Como en pocas oportunidades en Bolivia, la Ley del BC se cumple.
El ente emisor realizó un cambio institucional administrativo de gran alcance en los últimos 10 años. El BC tuvo un liderazgo estable, se profesionalizó y calificó a su personal, pero sobre todo se despolitizó. Nuevas reglas de juego y un equipo de profesionales competentes a la cabeza de Morales produjeron un shock de credibilidad institucional, confianza colectiva y reputación, cualidades que son fundamentales para mantener la estabilidad. Este es un logro significativo en un país que tiene una enorme debilidad estatal y las autoridades económicas y sus políticas no duran un salva de cohetillos. En 10 años de gestión, Juan Antonio seguramente vio pasar a decenas de ministros del área económica cuyos nombres ni siquiera recordamos. Esa es la ventaja de una institucionalidad fuerte y de tener políticas de estado en materia monetaria que sobrepasen los azarosos ciclos políticos.
Juan Antonio Morales cumplió muy bien su ciclo administrativo, y renunció como manda la ley y las buenas maneras. La forma que enteró de su sustitución fue muy injusta para quien contribuyó de manera significativa al desarrollo del país. En este caso, lo cortés no debería quitar lo revolucionario. Pero en el país somos muy propensos a medir todo a partir de varas ideológicas, especialmente ahora que se piensa que la historia comenzó a inicios de año. También tendemos a no reconocer el trabajo de las personas, especialmente si son servidores públicos. Pero a Juan Antonio hay que decirle que cuanto más grande es el servicio prestado más pequeña y mezquina queda la ingratitud. Y como dice Aristóteles “el agradecimiento envejece rápidamente”, y yo completo, el buen trabajo realizado es eterno.
Una yapa de la buena noticia que significa que Morales vuelva a la academia, es que retorna al ruedo del debate un talentoso polemista en temas económicos. Estoy ansioso por debatir con él si el tipo de estabilidad de los últimos años aún es funcional al tipo de desarrollo que queremos. Bienvenido y nos vemos en la cancha, Doc. Morales.
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