Alrededor de 615 mil niñas y niños bolivianos, menores de 13 años, se van a la cama cada noche sin comer. De acuerdo al Programa Mundial de Alimentos (PMA), el problema se manifiesta con mayor incidencia en 166 de los 327 municipios del país, es decir en el 50,76 por ciento de ellos.
Los datos aparecen en el informe 2005 de la entidad, en base a los resultados de un estudio de vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria, aplicado en 4.500 hogares a nivel nacional, con énfasis en aquellos que están en las comunidades más vulnerables.
La encuesta es la primera en su género, pues comprende un recordatorio de consumo de 24 horas, peso de los alimentos que se consumen, toma de medidas (peso-estatura a los miembros de cada familia), e información sobre activos, riesgos y estrategias de alimentación en los hogares.
Con ella se estableció que el 88 por ciento de la población de estos 166 municipios vulnerables es indígena. “El rostro del hambre en Bolivia tiene rasgos indígenas, está en el área rural, tiene bajo nivel educativo y escaso acceso a servicios básicos y saneamiento” se lee en el anuario.
El estudio establece que a pesar de los esfuerzos multisectoriales y de los gobiernos de turno, la desnutrición crónica —efecto de la inseguridad alimentaria y nutricional— no se redujo en los últimos 10 años, “lo cual acarrea un costo económico y social que demanda urgentemente una fuerte inversión del Estado para combatir el hambre y la pobreza”.
Algunos hallazgos
Vulnerables • Más del 85% de los municipios vulnerables son “altamente vulnerables a la inseguridad alimentaria”.
Carencia • 63% de estos hogares no cubre los requerimientos calóricos mínimos, lo que reduce la actividad física.
Déficit • 82% tiene déficit de vitamina A (son susceptibles a enfermar) y 94% de calcio.