Daría un quinto por saber qué apelativo étnico de referencia coprológica y afro-caribeña, pensó el otro yo de Evo Morales en Puerto Iguazú. Me estoy poniendo demasiado serio, cavilaba. Entonces una amorosa me mandó una caricatura de un periódico venezolano y los reverberos que provocó. El señor sentado en su poltrona, con el pichicho a sus pies, ordena: “Pitufo, ve a buscarme las pantuflas”. “Quién te crees que soy, ¿tu Evo Morales?…”, responde el perro.
La sonrisa que arrancó el humor de Rayma en El Universal no fue nada, comparada con la carcajada que solté leyendo la carta del Encargado de Negocios a.i. de Bolivia en Venezuela. En tono de yaraví altisonante, enfrentó el ‘ultraje’ y la ‘afrenta’, condenando ‘vehemente la difamación de la que ha sido objeto nuestro Presidente’. Faltó alguno de la Sociedad Protectora de Animales preocupado por el descrédito a los canes, poniéndolos en bajo concepto y estima, que es lo que quiere decir difamar. La gran Pluta, la perra de mi casa, no tiene de qué preocuparse.
Pero a propósito del plañidero diplomático, un columnista caraqueño me dio pie, no tanto sobre cómo se difumina la majestad presidencial. Más bien para comparar rasgos del enmascarado de plata montado en caballo populista -que no es Silver, sino Petróleo-, que es el padrino mandón Hugo Chávez. Y el sumiso ahijado Evo Morales, que no es indio emplumado como Tonto (ayudante del enmascarado de plata), sino arrecho, que en argot caribeño quiere decir iracundo y poco tiene que ver con el matiz de rijoso que tiene en Bolivia.
El mentor de Evo Morales es conocido por las guarangadas que destiñen su investidura. La manía de despotricar a lengua suelta hace un show de la risa su programa de los domingos. A Bush lo llamó borracho, genocida y burro. Fox es un perro faldero de Bush. Toledo, un caimán del mismo pozo de Alan García. Miren mujeres, a Condoleeza Rice le dijo que lo que le falta es un hombre como él; y a su ex-esposa le prometió, en cadena televisiva, “darle lo suyo”. Alerta milicos bolivianos, la opinión chavista de sus camaradas militares es que se usan y se desechan “como condones”. A la Iglesia Católica la ha llamado el “peor cáncer” que tiene su nación.
Si la guachafería es la onda de Chávez, la xenofobia airada subyace el discurso de Evo Morales. Cosa que algún enemigo de los libros confunda xenofobia con la repugnancia hacia los senos, que tampoco me refiero a la trigonometría, aclaro que se trata del odio y la hostilidad hacia los extranjeros. Es parte central del manejo de la plebe en el actual esquema de gobierno, que algún analista ha calificado como anarco-indigenismo.
Empezó con la maleza de la dicotomía t’ara y k’ara, indio y blanco, sembrada en la tierra fértil del resentimiento racista, por ese terrorista de sandeces explosivas que era el dizque mallku Felipe Quispe. Ante el vacío de poder estatal, se pulsó cuerdas atávicas de montoneros étnicos, que protagonizaron –sin ley ni castigo- truculentas barbaries en el altiplano y quemaron infelices en vivo y directo, en la llamada justicia comunitaria.
La fuerza centrípeta de la dicotomía racista desparramó hacia los extremos a la mayoría boliviana de mestizos de matices de café con leche. Quedamos jodidos, pegados a los de piel de pechuga de pavo, los que tenemos alguna melanina en el cuero por siglos de moros tomando cautivas a cristianas en España, o bisabuelitas de pollera o de tipoy ocultas en alguna foto. Igual quedaron aquellos en proceso de blanquear su estirpe, pegados a los pocos cobrizos cuyos ancestros escaparon de que algún soldado español empreñara a su tatara-tatarabuela, iniciando su tránsito mestizo camino a la raza cósmica latinoamericana.
Hoy la xenofobia subyace la pose camorrera del émulo de Chávez. Sin ósmosis que le hubiese pegado algo de historia del vicepresidente de 20.000 libros, en Viena enrostra a Brasil ¡el trueque del Acre por un caballo! Cual guapo de barrio insolvente y decidor, que luego tiene que recular, también ha picado pleitos con España, Estados Unidos, Perú, Colombia y Argentina. En nuestro país, hasta el europeizado García Linera azuza nervios xenófobos de la plebe. Atropellan la ley y la honra de personas, como en el caso Bakovic. Mandan al oriente loteadores abusivos entrenados en Collana, bajo ribete mentiroso de ‘nacionalizar’ tierras. Lanzan a fiscales como cazadores de brujas, contra catalanes y argentinos de dizque malvadas transnacionales, procediendo a su quema mediática y a encarcelarlos, en desmedro del mandato constitucional de presumir inocencia y de los recursos del procedimiento jurisdiccional. Nacionalizar hidrocarburos se apoya más en demonizar a foráneos, que en cumplir leyes, sopesar razones geopolíticas, reconocer realidades financieras y evaluar limitaciones técnicas. Curioso, la rabia xenofóbica excluye a los cuestionados médicos cubanos y petroleros venezolanos que hoy pululan en Bolivia.
Pero otra vez me estoy poniendo demasiado serio. En otro tono, las guarangadas del padrino venezolano y las emuladas del ahijado boliviano, me hizo desear un termómetro de rubor para medir la faz del Presidente Evo en Puerto Iguazú, cuando Hugo Chávez soltó la lengua y ante cámaras le dijo “este indio”, aunque luego haya maquillado lo que en Bolivia sigue siendo ofensivo, al extremo de que por decreto los indios se volvieron “campesinos” en 1952, y ahora son “originarios”.
Me recordó la anécdota de un declamador argentino, condescendiente de raíces indígenas bolivianas, que ante un lleno completo de un teatro de Cochabamba, se mandó una poesía de su autoría. Melodramático, clamaba: ¡indio compañero de la llama!/ ¡indio cara de piedra!/ ¡indio hijo de la Pachamama! Pues no faltó el ordinario que desde la galería paró la recitación gritándole a voz en cuello: ¡Y vos gaucho hijo ’e’ puta!
Daría un quinto por saber qué apelativo étnico de referencia coprológica y afro-caribeña, pensó el otro yo de Evo Morales en Puerto Iguazú.
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