La diferencia más notable con respecto a épocas anteriores consiste en la existencia de un abanico mucho más amplio de opciones para el desarrollo del país. Algunas de ellas son ciertamente de índole coyuntural y pasajera, pero otras tienen carácter estratégico y de largo plazo. Basta recordar en efecto que en el siglo pasado las dos guerras mundiales, la Guerra Fría subsiguiente y luego las décadas de dogmatismo neoliberal, no ofrecían muchas alternativas para modificar nuestra inserción desfavorable en los mercados mundiales. El patrón tecnológico imperante en las economías centrales determinaba la naturaleza de las exportaciones posibles, con el consiguiente efecto de concentración del ingreso en una delgada capa social.
Todo esto ha cambiado en lo que corre del siglo XXI. Por una parte, existen condiciones radicalmente diferentes en el ámbito sudamericano y, por otra, se abren enormes posibilidades comerciales con la expansión sostenida del crecimiento económico en la India y la China.
Es por eso, que la caracterización más correcta de la presente coyuntura no consiste tanto en la presencia de una profunda crisis de múltiples dimensiones, como quieren algunos analistas. Prefiero utilizar en cambio el concepto de transición larga en cuanto a la conformación del poder, la localización territorial de la población y la inserción internacional, iniciada como consecuencia del agotamiento definitivo de varios ciclos de larga duración anterior, y la apertura de un nuevo ciclo con mejores alternativas para el desarrollo del país.
La responsabilidad histórica consiste entonces en adoptar las decisiones apropiadas a fin de aprovechar a plenitud las oportunidades existentes. Sería un error grave, en cambio, estrechar por decisión ideológica propia los umbrales de negociación que están verdaderamente disponibles en cuanto a nuevos mercados de exportación, renovadas fórmulas de cooperación y mecanismos reforzados de integración, donde hay cabida por cierto para los diversos actores económicos internos, a condición —es verdad— de que se adopten las políticas adecuadas.
La Comunidad Andina de Naciones o el Mercosur, no constituyen únicamente mercados para nuestras exportaciones de soya y gas. Junto con estos países, Bolivia forma parte de una plataforma geopolítica mucho más amplia, con enormes potencialidades de mejorar las condiciones de negociación colectiva de los grandes temas del futuro: la energía, las migraciones y la biodiversidad, sin olvidar por cierto los asuntos de la paz y la seguridad internacional.
Todo lo anterior contribuye además a que se presenten condiciones inéditas para emprender por buen camino la negociación con Chile respecto de nuestro injusto enclaustramiento.
Sostengo, por consiguiente, que rara vez se ha presentado un abanico de condiciones externas tan favorable, y preocupa que decisiones motivadas en razones ideológicas o afinidades políticas circunstanciales, pudieran estropear a la postre las oportunidades existentes, con las consiguientes repercusiones negativas sobre el desempeño de la economía y la ampliación de las tensiones sociales.
*Horst Grebe L. es economista, fue ministro de Desarrollo Económico. La dirección de La Razón le da la bienvenida a este espacio, que ocupará todas las semanas.
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